Deus le volt, Dios lo quiere
Por Karlos Dearma.
“¡Matar a un
infiel no es pecado, lo dice el Papa!“ Aquel monje vociferaba como un loco, los
ojos parecían salirse de sus órbitas y un hilo de baba caía de la comisura de
su labio. El espectáculo que daba era patético. Vestía como un harapiento. Era
flaco y lucía enfermo, pero eso no
parecía disminuir el ardor con que gritaba su sermón: “¡A Tierra Santa, Dios lo
quiere!”
Darek le
observó, la visión le provocó algo parecido al asco. Despreciaba a los
fanáticos y sus mentiras. Era nochebuena, hacia frío, y trató de calentarse
acercándose a una hoguera. Pensó: “Nada cambia en navidad”; en especial para
los siervos como él.
Darek había llegado a Constantinopla
acompañando a los templarios. Le enseñaron que matar era un pecado y la culpa le asediaba: Tuvo que matar varias
veces por su señor.
Quizás en Tierra Santa lograse encontrar un perdón: ¿En
dónde sino podría llegar a encontrarse más cerca de Dios?
