Seguidores del BLoG

Mostrando entradas con la etiqueta El amor ese perro del infierno capitulo 2. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El amor ese perro del infierno capitulo 2. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de mayo de 2015

EL AMOR ... ESE PERRO DEL INFIERNO /// Capitulo 2



El Amor… ese perro del infierno II
Por Karlos Dearma. 

La mujer temblaba como una hoja asustada: Nunca había matado a un hombre. El humo de su cigarrillo aun la envolvía pero lo había escupido del susto. El arma en su mano derecha ahora apuntaba al piso, hacia el cadáver y se había llevado la mano izquierda a la boca, con la que tapaba su mueca de horror.

Ringo Callahan seguía atado a su silla pero estaba vivo. Su visión, velada por la sangre que había corrido sobre los ojos, estaba empañada. Aun así llego a distinguir el cadáver de Nolan a sus pies. El balazo le había dado de lleno en la cabeza y sus ojos sorprendidos estaban abiertos. Lo maldijo y quiso escupirlo pero no pudo, luego giro intentando encontrar a su benefactora, a la cual le daba parcialmente la espalda.

Al fin la vio. Logro atisbar entre brumas a una rubia que lo observaba en una especie de estado de shock. Al principio no la reconoció, o eso creyó. Luego las facciones de la blonda comenzaron a hacerse más familiares hasta que pudo identificarlas: ¡Era Judith Langsner!

Hacía casi un año que no la veía. Desde la misma fatídica noche en que su marido mafioso, Peter “El Largo”, los había descubierto en la cama para luego morirse de un ataque al corazón. ¡El pobre desgraciado! Luego se habían separado para siempre o por lo menos esos fueron los términos. Se preguntó qué diablos estaba haciendo allí, salvándole la vida, con un revolver humeante en la mano. Con voz agitada, temblorosa, la viuda de Largo Burnett lo interrogo: 

-Richard: ¿Estas vivo?

Ringo queriendo reír mas tratando de evitarlo pues ello le causaba dolor puso su mejor sonrisa de agradecimiento y le respondió:

-¡Diablos gatita, claro que lo estoy! ¡Más que nunca! ¿Cómo rayos llegaste hasta aquí?

La rubia, tratando de recuperar la compostura, se acercó más a él y finalmente pudo lograr la mínima calma:

-¿Acabo de matar a un hombre por ti y solo te interesa saber cómo llegue? Tengo mi auto allí afuera y esperaba que fueras más educado, por ejemplo, dándome las gracias.
-Lo siento, tu sí que sabes cómo sorprenderme, tienes razón. ¡Gracias! Te llevare de veraneo adonde tú quieras y estaré solo para ti de ahora en más: ¿Te parece cariño?

La rubia guardo el arma en su cartera y sonrió con un leve dejo de picardía mientras lo ayudaba a desatarse. Luego le hizo de apoyo para que pudiera levantarse. Apenas podía mantenerse en pie. Aun así pudo patear el cadáver de Walter Nolan con furia, lanzándole algunas maldiciones.

 Abrazados abandonaron la habitación y buscaron la salida. El fresco de la noche ayudo a Callahan a despabilarse un poco. Alcanzaron el auto de Judith, un Chevrolet del 47 color azul, subieron y la rubia se puso al volante. ¿Cómo había llegado hasta ese lugar? La pregunta rebotaba dentro de la cabeza de Ringo. La viuda Langsner, puso en marcha el carro y adivinando la incógnita, hablo:

-Uno de los hombres de “Largo”, un tipo llamado Setzer, comenzó a trabajar hace unos meses para Nolan. Te conocía. Y conocía nuestra “historia” juntos. Fue el quien me dijo lo que te sucedía, me hablo del escape de los matones de la prisión de Folsom y también de la trampa que te tendió Rebeca. Como tenía sus recelos hacia Nolan y me debía un favor de cuando trabajaba para mi marido, ayudo dándome la información.

-¿Y te arriesgaste solo por mí? Podrían haberte matado.
 -Lo sé. Pero salió bien: ¿No es así? No he dejado de pensar en ti, Richard, todo este tiempo. Es por eso que hice lo que hice. 

El Chevrolet del 47 cruzo la noche de Kansas a toda velocidad salteándose varias luces rojas. Un dolorido Ringo quedó pensativo. ¿Existía acaso la suerte? ¿Por cuánto tiempo podría ocultarle su rastro a la muerte? Observo a Judith al volante, la rubia se volvió para mirarle: No se dijeron palabra, no hacía falta. La ciudad forma una especie de círculo: Un redondel de muerte con el sexo en su centro. En ese lugar se hallaba atrapado Callahan. 

Solo tal vez esta vez el amor, ese perro del infierno, le había salvado la vida. Y de la manera menos imaginada.

Leer capitulo 3 ...