Seguidores del BLoG

Mostrando entradas con la etiqueta Un Argentino respetable cuento por Karlos Dearma. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Un Argentino respetable cuento por Karlos Dearma. Mostrar todas las entradas

lunes, 23 de marzo de 2015

UN ARGENTINO RESPETABLE


Un argentino respetable
Por Karlos Dearma.

Héctor Demetrio Moretti se consideraba una persona privilegiada. Dios, solía decir, lo había bendecido con una hermosa mujer, 3 hijos buenos y muchos nietos, que eran la alegría de su vida. 

Moretti era una persona culta y respetable. Jubilado, de 68 años, gustaba de la buena literatura, como solía él decir, las excursiones de pesca y los vinos finos. Era también una persona solidaria: Gracias a las ganancias de su empresa, ahora manejada por los hijos, tenía un muy buen pasar económico y gustaba de ayudar a los desamparados.

Solo el paso de los años y la decadencia física lo golpeaban. Necesitaba ayudarse con un bastón para caminar y ya no tenía la misma visión de antes. No obstante ello seguía siendo una persona activa. Se preocupaba por la situación de su país y se había postulado para intendente por el municipio en que vivía. La campaña ya había comenzado y las calles estaban empapeladas con sus fotos acompañadas por la leyenda:

Salud, Orden, Seguridad.
Vote Héctor Moretti.

Los carteles obviaban su segundo nombre, nunca le gusto. En otra de las fotos aparecía jugando con sus nietos. Esta vez la leyenda rezaba:

Vote a Héctor Moretti.
Un argentino respetable: 
Como usted.

Moretti era una persona querida; vecino de muchos años en la localidad, conocía a la gente del pueblo, participaba en las actividades comunitarias, iba a misa todos los domingos y eran conocidos sus reclamos ante las autoridades por mayor seguridad contra la delincuencia.

La misma  falta de seguridad con la que llenaba sus discursos fue la que lo hizo decidirse por los servicios de una compañía de radio-taxis. Así, para movilizarse, ya sea al doctor o a visitar hijos y nietos o a sus actividades políticas, comenzó a utilizar un auto con chofer.

Fue de esta manera que conoció a Ángel Rojas. De origen humilde y tucumano de nacimiento, había venido a Buenos Aires de chico. Ángel era un cincuentón padre de cinco hijos, trabajaba y estudiaba medicina. A Moretti le sorprende encontrarse con una persona tan culta (como él) con la que entabla conversaciones muy interesantes sobre literatura; le maravilla encontrarse con alguien que, con esa edad, siga estudiando y que igual a él, en otro momento, busca progresar en la vida. 

Le gusta ese viaje con Ángel y es por eso que para otras salidas pide a la compañía que le envíen al mismo conductor. Así en sucesivos recorridos ambos personajes entablan una relación singular y afectuosa.

Poco a poco la confianza crece entre ellos. Moretti se entera en otra salida que uno de los hijos de Ángel está enfermo y necesita un medicamento caro. Decide ayudarlo y sin vacilar le da el dinero para que lo compre, él también es padre y entiende la preocupación del chofer por su crío. Gracias a esa ayuda el niño se recupera pronto y la familia Rojas se lo agradece.

En otro viaje Rojas le dice que piensa abandonar la cursada de una materia porque no tiene plata para los libros, Demetrio es un argentino respetable y solidario. Piensa que una persona que hace los sacrificios que hace Ángel por sus hijos merece ser ayudada: Le da el dinero para que los compre. La relación entre los dos se vuelve amistad.

Un día en otro de sus recorridos electorales pasan por un paraje conocido como Río Encantado.

-Ve usted ese bosque de pinos.-Le cuenta Ángel.
-Si, lo veo.
-Por atrás pasa un pequeño río en donde, cuando era chico, aprendí a pescar con mi padre. Allí solía ir con mi primera novia y mujer. Aún sigue siendo un lugar agreste y conocido por pocos.
-Debe ser un sitio muy lindo.
-Oh, lo es. Algún día quizás quiera conocerlo.
-Claro me gusta la pesca, tal vez podamos traer las cañas y probar suerte. ¿Hay algo que pique?
-Pejerreyes. Son deliciosos hechos a la parrilla.

Quedaron en volver a visitar ese lugar más adelante. Mientras tanto siguieron en campaña. Las encuestas lo favorecían y Moretti estaba feliz. Es por eso que faltando dos semanas para la elección y cansado por la actividad desplegada decide tomarse un día de descanso. Elige el Río Encantado y le pide a Ángel Rojas que lo lleve. 

Pensó en invitar a sus nietos, pero como era un día de semana y no podían faltar a la escuela esta vez la excursión seria solo entre los dos. Olvido avisarle a sus hijos de esa actividad pero no le importo. Ese día el taxista lo paso a buscar a las 7 de la mañana. Traía su caña y cargaron algunas cosas más en el auto: Carnada, unas sillas y la vianda de comida.

Juntos se fueron hasta el Río Encantado. La mañana mostraba sus primeras luces y aún había un poco de niebla; una capa fina de rocío lo cubría todo. Llegaron hasta la orilla del río: Estaba crecido y tenía una correntada bastante fuerte en la parte más profunda. Tiraron los anzuelos, clavaron las cañas en la tierra y se sentaron en las sillas a charlar:

-Hoy cumple años una de mis nietas.
-¿Ah, sí?
-Sí, la más chiquita, se llama Marina y tiene 1 añito, mas tarde ire a visitarla, le compre un enterito de marinero.
-Debe de ser la alegría de los abuelos.
-Seguro. Sabes Ángel creo que soy un tipo muy afortunado.
-Así parece, llegaste a ser un “ARGENTINO RESPETADO” por todos y te ha ido bien en la vida. ¿No es cierto, Félix?

En ese momento Moretti se sobresaltó. Hacía mucho tiempo que no escuchaba ese nombre, tal vez más de treinta años. Miro a su chofer pero esta vez con inquietud, el tipo se había puesto de pie y su voz ya no era amigable.

-Al principio no te conocí, pero después, a medida que te iba tratando, me fui dando cuenta de quien eras. Algo de tus facciones me resulto familiar: Primero ese corte que tienes en tu ceja derecha, después fui reconociendo la voz en la sala de torturas y pude asociarla con la tuya. Estas más viejo y decrépito pero sos vos, no hay ninguna duda, Félix. Por qué ¿Ese era tu nombre de guerra, no es así?

Moretti no contesto, Rojas tenía un revolver en la mano y se dio cuenta que no le serviría de nada decir algo o gritar; no había gente en varios kilómetros y nadie lo hubiera escuchado. 

También sabía que era vano suplicar: Eso no le había servido a ninguna de sus víctimas. Un verdugo feroz como él, un criminal brutal, uno de los peores entre los suyos, el jefe de uno de los grupos de tareas que se encargaba de secuestrar a los opositores y desaparecerlos  en tiempos de la dictadura militar, sabía que era inútil suplicar. 

No tenía ninguna defensa y  sintió miedo de morir, el mismo terror que alguna vez sintieron sus víctimas.

-Sabes una cosa: Espere algo como esto por mucho tiempo, mientras estuve preso muchas veces soñé con un momento así. Hoy te traje hasta aquí para cobrarte las vidas de mi primer mujer, las de mis mejores amigos y de muchos otros a los que no conocí y que vos asesinaste, o mandaste matar.

A Moretti le tomo 68 años y llegar una mañana hasta el Río Encantado para darse cuenta de que el pasado es implacable cuando se lo quiere dejar atrás y consigue alcanzarte. Pero no se arrepintió. Los hombres como él nunca lo hacen y por ello merecen morir.Por última vez  pensó en su mujer, en sus hijos y en sus nietos; por última vez respiro el aire fresco de la mañana, escucho trinar a los pájaros y reparo en que un pez había mordido el anzuelo. 

Por última vez el coronel retirado Héctor Demetrio Moretti escucho el sonido de un disparo.

NOTA: Este cuento fue escrito hace casi 15 años atrás y forma parte de mi primera época de escritor.Inmediatamente después hice un parate hasta que en el año 2014  volví a escribir para "reconciliarme" con la literatura. 
Con algunas mínimas correcciones es casi la misma versión que escribí por junio del año 2001:Solo que las circunstancias de mi país han cambiado bastante desde esa fecha. 
Al día de hoy muchos de los responsables del genocidio han sido juzgados y las leyes de la impunidad (Punto final,Indultos etc)han sido suspendidas.Y aunque, lamentablemente, faltan logros pues muchos escaparon o se mantienen impunes, y algunos de los responsables están muertos, se ha avanzado bastante en la búsqueda de justicia. 
Entiendo este relato en aquel contexto y por ello es que me decidí a publicarlo ahora.