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jueves, 19 de noviembre de 2015

EL ÚLTIMO COMBATE DE ANKH, EL NUBIO


EL ÚLTIMO COMBATE DE ANKH, EL NUBIO
Por Karlos Dearma.

El gruñido que salió de ese agujero sucio y pestilente, con aspecto de madriguera, me conmocionó. El sonido era algo difícil de describir, parecido al de un cerdo hambriento devorando, quizás al de un lobo masticando a una víctima. Bueno, los lobos abundan en aquella estepa, aunque rara vez se aproximaban a la ciudad.

Solo cuando los guardias entraron en la jaula advertí la cadena en el piso; la formaba una larga hilera de eslabones que entraban en la catacumba donde permanecía oculto mi contrincante.

Mi amo, SETH, el egipcio de Bubastis, sonrío. Y en su sonrisa macabra adiviné el brillo del oro. 

-Pelearás con él.

Me dijo, señalando la oscuridad de la cueva.

-No pelearé contra ningún animal, SETH. Deberías saberlo de sobra.

-Eres mi esclavo, ANKH, y harás lo que te diga.

-Sabes bien que nunca hago lo que dices. Peleo sí quiero. Mato al que se me da en gana. Y hoy no mataré a ninguna bestia. ¿Entiendes?

-Eres un insolente. Un día de estos te haré azotar y dejarás de hacerte el atrevido. Esta no es ninguna bestia, nubio. Mira bien.

SETH hizo un ademán a los guardias. Cinco de ellos levantaron la pesada cadena y tiraron con todas sus fuerzas. El animal se resistió, lanzando fuertes sonidos guturales, que parecían pertenecer a un engendro salido del mismo infierno. 

Los hombres insistieron con mucha dificultad, pero de a poco fueron juntando más y más eslabones, y la cadena se fue acortando. Una nube de tierra y arena se levantó en el lugar y pude advertir el brillo del sudor que corría por las caras de esos guerreros.

Al final el misterioso ser apareció entre el polvo, lanzando un alarido que estremeció a todos los presentes: Nunca había visto algo así. Soy un hombre corpulento y fuerte pero la horrible bestia erguida era dos cabezas más alta. Las facciones no eran humanas. Su cara parecía la de un toro, sus piernas eran como las de un macho cabrio pero más largas, la parte media de su cuerpo y los largos brazos eran lo más parecido a un humano que había en él, pero cubiertos con un brillante pelo negro.

-¿Qué es eso, SETH?

-No lo sé, ANKH. Nadie lo sabe. Su propietario troyano dice que lo atraparon cuando la nave en que viajaba cayó del cielo.
Debe ser cierto. No hay animal u hombre que se le parezca en esta tierra. Tú lucharás contra él, y si vences serás libre. Lo prometo. Ganaré mucho oro si eso sucede. Si mueres me pagaran, y ese será el merecido castigo que recibirás por todas tus ofensas hacia mí. Si rechazas pelear, te mataré. También debo decirte que esa cosa ha matado a todos los guerreros que enfrentó.

Dicho esto SETH volvió a sonreír con malicia. De casi cualquier manera iba a salirse con la suya.

Por la tarde todos estábamos en el circo donde miles de troyanos esperaban por el combate final. Durante horas decenas de luchadores habían estado matándose entre sí, y el olor a sangre y muerte apenas era mitigado por los perfumes quemados por los sirvientes. Un instante después las jaulas se abrieron y saltamos en la arena, mirándonos sin odio: Uno de los dos iba a morir y ambos aceptábamos las reglas.

El humanoide tomó entonces su lanza y la arrojó hacia la tribuna. Pude ver como atravesó a mi amo, SETH, causándole la muerte. Luego la bestia se arrodilló, mostrándome los dientes, y en lo que parecía una mueca de sonrisa, me dijo:

-Mátame.

Cumplí con su último deseo y fuí libre.



Este cuento participó del concurso organizado por "El Circulo de Escritores" llamado "Concurso relatos de Gladiadores".

sábado, 5 de septiembre de 2015

LA ISLA Y YO – CAPITULO XL – EL APOCALIPSIS Z


LA ISLA Y YO  – CAPITULO  XL – EL APOCALIPSIS Z
Por Karlos Dearma.

No se cómo lo supe. Nunca lo vi antes, pero no hizo falta: le conocía. Ver a Jefardreé, El viejo, fue como verme en un espejo. Un espejo que reflejaba una parte de mí mismo; y no solo era mi apariencia lo que veía en él, sino también mi ser,  incluso mi futuro. El viejo se acercó sonriente y me saludo, aunque sin efusividad. Su voz, grave, gastada por los años, era a la vez dulce y tranquila.

-Me alegra verte. Espero que te sientas bien. El uso excesivo de la lijunia puede traer consecuencias no deseadas.

-Ni que lo digas. ¿Qué es todo esto? ¿En dónde estamos? ¿Qué sucedió con la isla?

-La isla tal cual la conociste sigue allí, donde siempre. A decir verdad seguimos en ella. No tienes por qué preocuparte. Solo que ahora nos encontramos en otra realidad. Y esta es una realidad paralela a aquella de donde provienes; la pudiste alcanzar a través de la lijunia.

-¿Estas queriendo decir que esto es algo parecido a un mundo de ensueño? Mejor decir, ¿Otra dimensión u algo así?

-Para la mayoría de las personas si lo es, pero ellos no tienen el entendimiento. Los sueños son aquellos momentos en que podemos trascender más allá del mundo reconocible. Podrías haberte comunicado conmigo antes, a través de tus sueños. Pero tú llegaste aquí de otra manera: Por medio de la lijunia, y tus instintos chamánicos. Cuando la comiste comenzaste, poco a poco, por abrir las puertas de la percepción hacia el Nuevo mundo en el que moramos juntos ahora.

-¿Chamán? ¿De dónde lo sacaste? No soy un chamán.

-Todos nuestros antepasados han sido chamanes. También yo lo soy, y tú. Y, si bien nunca fuiste educado como tal, ese pasado corre dentro de tus venas. Fue tu sangre la que en un momento te grito: “Deja la civilización, vuelve con la naturaleza”;  y te trajo de regreso, a donde perteneces. Somos los últimos sobrevivientes de la familia, nuestra historia está grabada en esas paredes.

-¿Puede ser todo esto posible? Entonces: ¿Hable con un tigre?

-¡Ja!  ¿Te refieres a Borges? Sí. No estás loco, hablaste con él. Eso es posible aquí. También tuviste “Dunga, dunga” con una docena de nativas y escapaste con vida de los muertos vivientes. La isla te puso a prueba todo este tiempo; y saliste airoso. Es cierto que con la ayuda de Tahohae, pero eso no importa. Lo importante es tu regreso. Sé que tienes muchas preguntas más.

-¡Claro que sí! ¿Qué es lo que hago aquí? ¿Cuál es el propósito de mi regreso?

-Falta poco para que ocupes mi lugar. Por generaciones hemos sido guardianes de este mundo, y pronto te tocara a ti. Es tu destino. Y es el mío prepararte para cuando lleguen esos tiempos.

La respuesta no me sorprendió: Sentí, dentro de mis fibras más íntimas, que ya la conocía. Jefardreé volvió a sonreír, como si pudiera leer en mi mente. En mis pensamientos se instaló una nueva pregunta, que no llegue a formular de manera oral pero que mi abuelo capto de manera telepática: ¿Estamos en peligro?

-Nuestro mundo está amenazado. Alguien, allí de dónde vienes, ha creado una plaga. Una enfermedad que zombifica a las personas y está fuera de control. En estos momentos la civilización que conociste está agonizando sin una cura. La humanidad está canibalizándose a sí misma.

-¿Conoces al responsable de este apocalipsis?

-Sí. Su nombre es Jefardreé, El oscuro. Mi hijo, tu padre.

-¿Mi padre? Pero ¿Por qué? ¿Y qué hay de los López?

-Vayamos de a poco. Tu padre llevo al extremo sus conocimientos. Iba a sucederme. Pero su temperamento siempre fue oscuro. Quería aumentar los poderes que la magia y la lijunia le dieron; y luego, cuando los obtuvo, quiso usarlos para tomar el mundo; el egoísmo y la codicia, finalmente, lo devoraron. Conseguí expulsarlo de la isla con la ayuda de la tribu. 
La magia que creamos le impidió regresar. Pero encontró otra manera de volver. Desato la plaga en alianza con una secta. Así, tendría su posibilidad de volver y hacerse con la lijunia, que solo crece aquí. Cuando eras un bebe avizore la maldad en él y te entregue a los López en adopción, con el consentimiento de tu madre y para ponerte a salvo. 
Iba a destruirte; también a tu madre. Lo logro con ella. Temí por tu vida y por eso te sacamos de aquí. Cuando los poderosos de la Tierra descubran que la única cura posible a la enfermedad es la lijunia, seremos invadidos por los sobrevivientes. Y deberás ser fuerte como para defendernos.

-¿Por qué no les damos la lijunia y ya? Los misteriosos tripulantes del velero sacaron la planta de aquí. Es solo cuestión de tiempo el que descubran sus propiedades. El oscuro sabía que íbamos a tener que intervenir para detenerlo. Es la única salida: Debo regresar y enfrentarlo, abuelo. Me llevare a Borges conmigo, y al halcón. Los necesitare.

-¿Eso significa que regresaras e intentaras salvar a lo que queda de la humanidad? No, no debes hacerlo. Te equivocas, créeme: No merecen ser salvados. Sus crímenes contra la naturaleza son abominables. Debo recordarte que tu prioridad es proteger esta isla y a todos sus seres. Ahora que te atrajo es posible que no te deje partir.

-No podrás detenerme: O nos salvamos todos, o no se salva nadie. La isla es sabia y entenderá. Quizás no deba ir lejos. Tal vez el origen de la plaga está más cerca de lo que pensamos. Pienso en cierto crucero que conozco bien y del cual caí, antes de llegar aquí. Los primeros infectados que vimos eran los tripulantes de ese barco. Buscare respuestas allí, y salvare lo que pueda.

-La lijunia te ha vuelto un engreído. No es ese tu deber. Recapacita. Además: ¿Cómo lo encontraras?

-El halcón me ayudara.

-Se llama Verne.

-¿Verne? Bien, Borges y Verne y la lijunia. Y todo lo que pueda dar de mí. Veremos si es suficiente.

Este nuevo capitulo (el antepenúltimo de la historia) se corresponde con la iniciativa de "El Circulo de escritores" llamada "Desafío: Escribamos una novela juntosdel cual participo. Obra Titulada "la Isla y yo".






jueves, 16 de julio de 2015

LA ISLA Y YO - CAPITULO VII - MISTERIO EN LA ARENA



LA ISLA Y YO – CAPITULO  VII - MISTERIO EN LA ARENA
Por Karlos Dearma.

Al día siguiente, cuando despierto, me doy cuenta que el Sol está muy alto. Quizás sea mediodía. ¡¿Cómo he podido dormir tanto?! Decido regresar a la costa: Debo hacerme de más enseres y, sobre todo, comida.

Recorro la treintena de metros que me separan del mar, esquivando las palmeras entre las que busque refugio, pateando cangrejos. 

Bajo a la playa. La arena me quema los pies, apuro el paso para evitar ese malestar y pronto estoy sobre el límite en donde las olas retroceden; más aliviado.

Un rápido recorrido visual alrededor cambia mi estado de ánimo. ¿A dónde han ido a parar las otras cajas? La marea no ha sido tan alta como para devolverlas al océano. Puedo divisar la línea de humedad a lo largo de la orilla. 

Miro a derecha e izquierda, escruto el cielo y horizonte marinos, y nada. ¿Será posible que hayan desaparecido?  Estaba seguro que habían quedado por aquí. O Tal vez esté equivocado, y mi cerebro y la memoria me estén jugando una mala pasada; camino hacia mi derecha en su busca.

El siguiente descubrimiento me altera: Encuentro huellas. Varias personas han estado aquí. ¿Acaso otros sobrevivientes? Entusiasmado corro tras de ellas, como quien persigue un premio, o un fantasma. Sigo el rastro hasta la espesura. Allí se pierden.

Una posibilidad se estrella contra mi mente y me detengo con el espíritu inquieto. Paralizado por el miedo, recuerdo ciertas historias acerca de los mares del sur y de las tribus melanesias. Relatos que hablan de náufragos y canibalismo.

Instintivamente retrocedo hasta la orilla, tropiezo y caigo, me levanto y vuelvo sobre mis pasos a la “seguridad” de mi refugio.  El peligro se cierne sobre mí. No tengo armas con que defenderme de ninguna amenaza.

Temblando me arrojo bajo mi tienda y cierro los ojos, la fiebre ha retornado. Unos minutos transcurren pensando en mi suerte. 

De pronto la selva se enmudece. No hay más ruidos de insectos, ni trinos de aves. Me incorporo e intento escuchar algo, lo que veo me horroriza: Un grupo de nativos armados con lanzas y aspecto feroz me vigila.

Alcanzo a ponerme de pie cuando siento un fuerte pinchazo en uno de mis glúteos. Un dardo esta clavado de manera profunda allí. Lo arranco e intento correr, alejándome de ellos: no puedo. Todo comienza a dar vueltas, no me es posible escapar, el veneno se apodera de mí. Grito por ayuda, solo para ver el rostro satisfecho de uno de mis cazadores, y pierdo la conciencia.

Unas horas después cuando despierto es de noche y estoy dentro de una olla de agua caliente, el calor me abrasa. ¡Me están cocinando vivo! Algunos hombres tocan sus tambores. Otros están cortando verduras. Un niño se acerca y arroja el contenido de una canasta dentro de la marmita. Toma una gran cuchara de madera  y prueba el sabor del guisado. Sonríe con satisfacción. 

Estoy a punto de transformarme en la cena, cuando un grupo de mujeres se hace presente. La música se detiene. Una gran hembra de semblante cabreado parece dirigirlas, los hombres la observan enfadados cuando pega el grito:

¡Dunga, dunga!-el resto de sus compañeras repite a coro ¡Dunga, dunga!- Es sabido el poder omnímodo del matriarcado en estas aguas. 

Unos muchachos me sacan del estofado y soy conducido a una choza. ¡Maravillosas mujeres, me han salvado la vida! Pero ¿por qué? Pronto recibo la visita de aquellos 120 kilos de carne trémula, grandes caderas y tetas.

Sonriente, la saludo y me presento:

Gracias, señora, mi nombre es López. La gorda me cae encima y grita: ¡Dunga, dunga!

Este capitulo se corresponde con la iniciativa de "El Circulo de escritores" llamada "Desafío: Escribamos una novela juntos"del cual participo. Obra Titulada "la Isla y yo". 

martes, 14 de julio de 2015

SETI, EL EGIPCIO /// Capítulos 96 y 97


96   VIAJE AL SUR
Por Karlos Dearma.

Mi abuelo HATTUSILLI está en preparativos, viajará al Sur, buscará a su amigo egipcio. En lo que a mí respecta he llegado a un acuerdo con LUWIYA: Me iré, y lejos.
  
-Iré a Ankuwa. Es uno de los últimos lugares en donde confiaría en encontrar a SESOSTRIS, si es que no se ha metido en problemas. Tal vez algún mercader asirio de la ruta de Alepo sepa algo de él. ¿Qué harás ahora que LUWIYA te ha dejado libre? ¿Recuperarás tu reino?

-En eso no me parezco a mi padre, ni a mi hermano, no es algo que me parezca importante, dejaré tranquilo con el gobierno a MURSHILLIS, lo quiso siempre más que yo, solo le haré saber a mi madre y a mi hermana que estoy con vida. Por razones obvias no me conviene hacerme presente en Hattusas.

-¿Quieres acompañarme? Viajaremos de incógnito a través de Hatti y directo a Ankuwa. Conozco algunos amigos discretos que podrían hospedarnos. Tengo que estar seguro de que el egipcio loco ese este sano y salvo. Solo así estaré tranquilo.

-No tengo nada mejor que hacer por ahora. Está bien por mí. No estará mal un viaje como este, seré una buena compañía, lo prometo.

-Me alegra saberlo, no esperaba otra respuesta, tenemos muchas cosas de las cuales hablar. ¿Qué harán ustedes amigos?

-Por supuesto que esta aventura ya ha acabado para mí, regresare con KIRA, he cumplido con lo que quería: Reunirles.

-Y por eso te estaré siempre agradecido amigo SAROK, ¡Los mil dioses de Hatti te bendigan! Me has ayudado a reencontrarme con mi nieto. También debo agradeceros a ti ARNUWANDA. ¿Qué harás?

-Les acompañaré un tramo de su camino, si no les molesta, como les conté tengo a mis parientes por allí.

-Eres bienvenido, si eres amigo de mi nieto, cuentas con mi amistad también.



97  AVARIS 
Por Karlos Dearma.

Avaris no es como cualquiera otra de las ciudades del Egipto. Carece de los elementos esenciales al culto, no hay grandes templos ni monumentos, el sacerdocio no tiene relevancia aquí pues la intención fue otra: Su pulso comercial se adivina en cada calle.

Su puerto es una de las entradas del delta y luego del Nilo. Comerciantes de todos los rincones del mundo están esperando su oportunidad: fenicios, helenos, sirios, luvitas, hebreos, y algún que otro asirio disfrazado. 

La ciudadela domina el panorama, desde ella los soldados vigilan atentos los movimientos de las naves. IB me refirió que los robos se habían vuelto un problema, en los meses pasados el gobernador ajustició a unos cuantos ladronzuelos colgándoles desde la muralla, y a la vista de todos, luego volvió la calma.

A KHUFU no le gusta el panorama, frunce la nariz a cada instante: Francamente el puerto huele bastante mal. 

Los cananeos continúan cargando la nave y para entretenerse cantan: “Alguien me ha dicho que eres una mujer solitaria, Alguien me ha dicho que suspiras por los marinos que surcan el ancho mar, ¿Habrá un espacio en tu corazón solitario como para mí?”. 

Más adelante cambian la cantinela: “Escucha muchacha que temes cruzar la mar, Somos hermanos del viento y somos hermanos del mar.Ven con nosotros: Solo los cananeos los secretos de las olas te sabremos contar”

-¿Te gusta la canción, SETI?

-Algo, parecen felices.

-Cantan bastante mal. No me gusta.

-Bueno, ¿Acaso esperabas a las sacerdotisas desnudas de Astarté? Son marinos, KHUFU, ten un poco de paciencia.

-Si siguen cantando así, de aquí a Fenicia, tal vez termine arrojándome al Océano: Volveré a Egipto nadando.

-Ja Ja Espero que no tengas que hacerlo KHUFU: Necesitarás brazos más fuertes de los que tienes. Y tal vez acabes dentro del estómago de un pez grande.

-¿Cuáles serán esos “secretos de las olas” de los cuales habla la canción?

-Su pizca de arrogancia y orgullo, los fenicios son así. No hay marinos que se les comparen y lo saben, solo tal vez los hombres del norte rivalicen con ellos y no veo ninguno por aquí.

continuará ...

miércoles, 17 de junio de 2015

EL AMOR... ESE PERRO DEL INFIERNO /// Capitulo 5




El Amor... ese perro del infierno V
Por Karlos Dearma.

Golpeó la puerta con insistencia pero nadie salió. Así eran las cosas con el alemán Bukowski: O volvías otro día o derribabas la entrada. No había tiempo para lo primero pero antes de llegar a lo segundo, Ringo, le pego una vuelta a la casa. Descubrió una de las ventanas abiertas y por ella se deslizo como un gato. 

La oscuridad más espesa lo recibió, busco la llave de la luz para ahogar sus negruras. 

Cuando la encontró apareció, ante él, un paisaje devastado. Dentro todo era gran desorden y mugre: Papeles y restos de envoltorios de comida regaban los pisos y las habitaciones; camino por un pasillo, pateando botellas vacías de cerveza y vino, buscando al alemán. Hizo silencio para escuchar sus estentóreos ronquidos en una estancia cercana. Y hacia allí se dirigió. 

-¿Alemán?

No obtuvo respuesta, Hank Bukowski dormía en un sillón, como un oso hibernando, abrazado a una botella de whisky. Intento despertarlo atizándole un golpe en la barriga: Solo lo hizo toser un poco. 

Lo cacheteo un tanto como para hacerlo reaccionar, no logro resultado. El borrachín no estaba para nada ni nadie más.

Decidió ponerse a buscar lo que necesitaba. Paseo por las habitaciones de la casa y no encontró ningún arsenal. ¿En dónde estaban las armas? Buscó y buscó. 

Detrás de unas cortinas apareció de pronto una puerta disimulada. La empujó y encendió una bombilla que le revelo una escalera descendiendo a un sótano. 

Bajo por ellas sin dudar y allí estaba el arsenal de Bukowski, muchas cajas. Hank se había hecho una reputación como traficante y sus contactos le dieron carta blanca para actuar: Para ello debió sobornar a mucha gente pero su negocio era próspero, al menos por ahora.

Callahan comenzó por abrir los cofres y pronto junto lo que necesitaba. Un par de ametralladoras Thompson con cargador cilíndrico, granadas mk1, munición calibre 38 y el tesoro oculto del alemán: Pistolas Luger. 

La cantidad de armas le hizo distraerse por un momento, por lo cual no llego a advertir la presencia de Bukowski a sus espaldas.

Se dio vuelta pero era tarde: Hank le aplico un golpe en la barbilla que lo desequilibro. Cayó hacia atrás dando un tumbo contra las cajas de unos fusiles belgas. Atontado, intento levantarse para recibir un nuevo golpe que lo durmió.

Tal vez pasaron unas horas después de ello. Cuando despertó estaba amarrado a una silla como al comienzo de todo. Esta vez el panorama distaba mucho de ser agradable. Ninguna rubia estaba por allí para salvarle. 

Rebeca Meyers estaba sentada junto a él con una pistola en la mano. Seguramente el alemán la había liberado del maletero del Chevrolet. La morena sonrío, los papeles se habían invertido.

-¿Pudiste dormir bien, cariño?

-He tenido mejores siestas. ¿En dónde se metió el alemán cabrón ese? Tengo ganas de devolverle los golpes que me dio.

-Eso deberá esperar. Ahora lo envié a buscar a mi hermano. Auggie llegará de un momento a otro.

-¿Te aseguraste de que no pase por la cocina antes? Tenía por allí una despensa llena de whisky.

-No creo que sea tan tonto como tú.

Tampoco Richard lo creía. Pero eso renovaba sus esperanzas de salir nuevamente con vida.

Mientras tanto Hank había hecho la llamada correspondiente: No tenía ganas de enemistarse con los Meyers. Matar a un policía no era la mejor opción pero la balanza se había inclinado en contra de Ringo. Auggie estaba en camino, llegaría con sus hombres de un momento a otro. 

Ni bien corto, Bukowski llamó a sus muchachos: Era mejor ser prevenido y los hechos que se sucedieron después justificarían esa cautela. Más rápido que pronto se hizo presente uno de sus guardaespaldas, otro alemán, gigante como un dios nórdico, de aspecto brutal, Kurt Heinrich. 

Mientras abría otra botella de whisky, Hank le ordenó armarse “por las dudas”. Kurt y otros dos de los soldados de Bukowski bajaron las escaleras que llevaban al sótano, regresando armados con ametralladoras y pistolas.

No tan lejos de allí, en la residencia de las colinas, Auggie y Will Smalls cerraban un trato. De ahora en más, ambas bandas estaban unidas, y, Meyers era el nuevo jefe. Pero como tal cometería su primer error: Enviar a Will a por Callahan. 

Leer siguiente: Capitulo 6 ... 

viernes, 12 de junio de 2015

HELENOS EN TROYA


HELENOS EN TROYA
Por Karlos Dearma.

La Guerra de Troya ha despertado, en todas y todos aquellos que han leído los versos de Homero, la imaginación heroica de muchas generaciones: El rapto de Helena por Paris, los celos de Menelao y la ira de Agamenón, la expedición de los griegos con sus barcos lanzándose al mar, los combates entre héroes y la valentía de Héctor, los caprichos y el dolor de Aquiles ante la muerte de Patroclo, y, al final, el pérfido caballo.

Pero antes de continuar con esa historia es mejor que me presente. Nací como Francisco Berazategui; mi padre era un humilde herrero, español de nacimiento, que dejo su patria a fines del XIX para hacer la América. Cuando era niño me enseño el oficio que, nunca pensé, ejercería en la vieja Micenas.

La historia acerca de mi viaje en el tiempo pues tiene sus comienzos allí en la herrería de mi progenitor. Fue cuando un extraño visitante se hizo presente buscando un empleado para hacer reparaciones en la casa que rentaba a mis vecinos, los Zubizarreta. El profesor Luis Drago tenía aspecto de loco y un poco chiflado estaba, pero era un genio.

Mi padre le ofreció mis servicios, a cambio recibiría algo de dinero y clases de ciencias.

Comencé por estudiar con don Luis el idioma griego, una experiencia martirizante. Recibí clases de matemáticas, física y otros muchos conocimientos científicos. No entendía muy bien la utilidad de todo ello pero era joven, todo se aprende más rápido y no se me ocurrió cuestionarlo.

Al cabo de un año me había transformado en su asistente y según mi maestro estaba listo. Drago me mostró su “invento”: La máquina del tiempo. Sería el primer viajero que regresaría al pasado. Me hablo de la trascendencia del hecho y de su importancia para la ciencia; me convenció de que no había peligro para mi persona, mintió. Sin embargo, yo acepté. Fui lanzado entonces hacia el pasado a la velocidad de la luz, montado al ingenio creado por don Luis.

El aparato resulto destrozado pero conseguí llegar a las arcaicas tierras griegas. Me instalé en Micenas: Una gran ciudad amurallada, habitada por personajes importantes, guerreros, comerciantes y grandes artistas de los que aprendí mucho. 

Trabajaba como artesano del metal y, en mi condición de tal, fabriqué muchas de las armas que hirieron y mataron en aquella infame guerra. Es por eso que su rey me arrastro tras de sí en su campaña contra Ilion: Le era útil. Me vi entonces navegando la mar hacia unas tierras que, en aquel momento, me eran extrañas, tras una guerra en la cual nunca quise participar. Sentí que, por su tremenda importancia, no tenía alternativa.

Fui testigo de cómo la orgullosa ciudad de Troya ardió. Acompañé a Menelao, en medio de la destrucción, a la búsqueda de su amada Helena y en una oscura habitación de palacio me sorprendió la verdad de tan ominosa matanza. No existía tal Helena sino un joven y bello muchacho, travestido, llamado Helenos. Los griegos siempre tuvieron gustos particulares en cuanto a lo sexual y Menelao no era una excepción.

Cuando volví a Micenas conseguí reparar la maquina pero nunca regrese a mi época. Siglos después tuve una polémica con Homero en torno a esta rara cuestión.  No me creyó en los siguientes términos: “Aun si fueras un viajero del tiempo y hubieras sido testigo, como dices, no me atrevería a cambiar la versión de los hechos por todos conocida, porque ello traería una enorme vergüenza a todos los griegos”. 

Por culpa del honor y el orgullo heroico, la verdad sobre Troya termina siendo esquiva.


Este relato participa del concurso de relatos "La maquina del tiempo" organizado por "El Circulo de Escritores"




miércoles, 3 de junio de 2015

ROCK AND ROLL SUICIDE


Rock and Roll Suicide
Por Karlos Dearma.

Reino Unido, noviembre de 1977. Howard Preston es un músico con un lejano prestigio y reconocimiento en la escena del rock, que se remonta a fines de la década de los años 1960 y principios de la siguiente, cuando era conocido como Ritchie Flowers.  

Un par de singles de éxito, una banda rockera de dementes que capitaneaba y solo sobrevivió un Lp (The Insane Heads), conciertos a sala llena, dinero a raudales, groupies, el reconocimiento de sus pares, y yá: 

Para 1977 las viejas glorias de antaño se habían esfumado, las épocas  y modas cambiado; los éxitos no volvieron a repetirse  y casi nadie los recordaba. Casi.

Se habían quemado muy rápido y los excesos tenían mucho que ver con ello.

Flowers estaba arruinado física, mental y económicamente. No tenía ni una moneda como para pagar la mensualidad de la habitación que rentaba, mucho menos para beber o “pincharse”. Los amigos cercanos habían desaparecido o habían sucumbido al alcohol y las drogas duras. Era un patético sobreviviente de otros tiempos y solo cargaba con 33 años.

Un viejo, por increíble que parezca. Londres hervía con el “adolescente” punk y Howard tenía casi todo listo para suicidarse.

No era la primera vez que lo intentaba. Lo había pensado seis años antes, a finales del 71 (el año de su cumpleaños 27) Quería colarse en el exclusivo “Club de los 27” junto con Morrison, Janis y Hendrix, sus viejos amigos.  Desistió. Y estaba convencido de que aquello había sido un error. Hubiera querido matarse en su mejor momento, con todas las luces apuntándole, pero era tarde. El tiempo a veces suele ser cruel, hasta para los suicidas.

Pero ahora había tomado la decisión: Era el momento de “irse”. Busco el revólver entre el desorden de su cuarto. Lo limpio hasta sacarle algo de lustre. Tarea absurda pensó y lo era: Después de todo ¿Quién se fijaría en eso? Observó por última vez sus “tesoros”: Fotos con Jagger, Richards, Clapton, Dylan y Los Beatles.

Estaba listo. Amartillo el arma y se preparó a disparar, apretando los dientes. Tuvo tiempo de imaginarse los titulares de los diarios. Los más indulgentes tal vez dirían de él: “Vieja gloria del rock se quita la vida”, los más conservadores: “Se suicida estrella menor del rock”, los más crueles: “Rockero drogón se pega un tiro”. Inútil pensar: Al cabo que ya ni le importaba lo que pensarán.

En ese momento sonó la puerta. Del otro lado la señora Rottenmaier, dueña de casa, le reclamaba. Pensó: “Estaría bueno tirármela, un último polvo y listo”. Hizo los cálculos pero pronto desistió. No hubiera quedado bien coger con una señora bondadosa de casi ochenta años. 

Hasta se imaginó los posibles titulares de las noticias: “Por culpa de la droga: Rockero degenerado tiene sexo con una señora mayor y luego se vuela la cabeza”.

-Señor Preston. ¿Está usted bien?
-Sí, pase señora.

La solterona entró lentamente a la habitación y de inmediato se sobresaltó, tapándose la boca con una mano al verlo desnudo y con un arma:

-Howard, por Dios y la Virgen, ¿Qué hace? ¿Es eso un revólver?
-Señorita Rottenmaier, sí, pero no se preocupe: Esta descargado. ¿Qué desea?
-¡Que susto me hizo pegar! Tiene que bajar. Unos locos allá abajo quieren verle. Se visten como unos vagabundos sucios y dicen llamarse los “Sex Pistols”. Quieren conocerle, usted es uno de sus ídolos. ¿Será posible?

Pensó: “¡Sex,… ¿Qué?! ¿Quiénes carajo…? Bueh, será mejor que baje”. Ante la mirada de la doña dejó el arma, se calzó unos pantalones de cuero y enfiló hacia la escalera. 

El suicidio podía esperar.


Este relato participó del concurso "Crea una historia basada en una imagen" de la comunidad "ALMAS DE BIBLIOTECAS Y DE CINES"


miércoles, 20 de mayo de 2015

EL DIOS DEVORADOR


El Dios devorador
Por Karlos Dearma.

Soy un esclavo y tu (lector) puedes liberarme de los horrores que he vivido. Me explicaré. Fui atrapado por los engaños de un dios pérfido e innombrable (me da vergüenza admitir los motivos por los cuales caí en sus garras aunque en esto puedes creerme: Ya pague mí pecado con creces) 

He sufrido todas las vejaciones imaginables, más de las que cualquier ser humano soportaría; vivo en eterno sufrimiento, penando como un ánima, encadenado a su furia, soportando todas sus bajezas, sirviéndolo. Cuando envalentonado quise alzar mi voz para insultarle, el maldito devoró mi lengua. Cuando, mudo y altanero, le mire con resentimiento y odio, me arranco los ojos y para su sola diversión también mi sexo que luego arrojo a sus perros.

Antes que me quite las manos o el corazón o acabe transformado en una parodia enloquecida de hombre, te escribo estas palabras que debes leer con atención pues así consumaras mi acto de liberación.

Recuerda este nombre: -¡Senath Valpurgis!
Repítelo conmigo dos veces: -¡Senath Valpurgis! ¡Senath Valpurgis!
Dilo una vez más: -¡Senath Valpurgis!

Si seguiste al pie de la letra mis instrucciones, ha llegado el momento de darte las gracias: Pronunciando uno de sus mil infames nombres lo has invocado y llegado el  momento irá por ti. Eso es lo que me prometió pues ya está harto de mí y, si debo creerle, buscará una nueva víctima. 

La única esperanza que tienes es que las puertas estén bien cerradas y tú casa bendecida porque el maligno te acecha; tal vez y solo tal vez te salves pues suele perdonar a los locos y réprobos y quiero desearte algo, suerte. 

Trata de entenderme y no me odies por echar sobre tus espaldas esta maldición. Podría decirte lo siento pero no es así. Soy un cobarde y seré feliz, si la felicidad me cabe, cuando sea libre y haya escapado de sus abominaciones. Si puedes perdonarme, hazlo.

Y si no puedes, maldíceme.

sábado, 25 de abril de 2015

EL LOBO DE ANDROMEDA VII



El Lobo de Andrómeda VII
Por Karlos Dearma.

Mi amada Roxana, Reina de todos los Vinlandeses: Quisiera hacerte llegar las mejores noticias en estos tiempos tan nefastos para nuestro pueblo pero hoy no podrá ser así.

Luego de despedirnos de la escolta de Lord Richard iniciamos presurosos el camino de regreso a la capital. Tal como te había contado en la última de mis cartas nuestros navíos nos esperaban en el lugar acordado. Logramos abordar a toda la comitiva y antes de que las últimas luces de la tarde huyeran de nosotros nos pusimos en camino.

La noche nos trajo una de las peores tormentas que recuerdo. La fuerza del vendaval, que nos azotó por horas, fue tal que fuimos arrojados a la costa de una isla que al principio nos pareció desconocida. Perdimos el rastro de los otros barcos mientras que el nuestro encalló contra el escarpado litoral haciéndose pedazos. La mañana nos mostró su peor cara: Contamos a los muertos y desaparecidos por decenas. Nuestro pesar es incontable.

Estoy todo lo bien que podría alguien estar en nuestra situación. Grul está a salvo pero Syl ha escapado. Es lo que menos me importa ahora. Trato de darles ánimos a mis guerreros (algunos de ellos muy heridos) y, también, dármelos a mí mismo: Los malos sucesos no terminan aquí.

Por la tarde, y cuando aún estábamos tratando de socorrer a los heridos y rescatar a los perdidos, fuimos emboscados por dos naves voladoras (a las que el lobo negro llamó “Hellacopteros”) y un grupo de infantes que, juntos, descargaron sobre nosotros una lluvia infernal de proyectiles de fuego y plomo. Muchos de los nuestros cayeron pero los superamos en número y el único dragón que conservamos destruyó a los dos artilugios volantes, emparejando la cantidad de bajas en ambos bandos. Puedes estar orgullosa de la forma cómo se batieron tus guerreras y guerreros. El resto de los atacantes escapó.

Según el lobo negro son los soldados de Negusmer (Grul reconoció a algunos de ellos como tripulantes sobrevivientes de la nave que vinimos a buscar, hallamos el cadáver de su jefe entre los muertos)

La catástrofe en estos momentos no podría ser peor. Sin embargo, tanto nuestros nuevos enemigos como nosotros, estamos aislados en esta isla (uno de los marinos cree que se trata de Greenland: Si mis conocimientos de geografía e historia no fallan, coto bajo el dominio de la familia Sanders)
Debemos suponer que recibirán ayuda antes que nosotros, su tecnología volante nos supera. Por eso he decidido adentrarme en el interior de Greenland para ponernos a salvo y buscar la ayuda de los Sanders. Perdidos en el naufragio todos los halcones y albatros disponibles, y los contactos con el resto de las naves (¡Quieran los dioses se encuentren bien!), decidí enviarte este mensaje con el único dragón que nos acompaña.

Sé que las posibilidades de rescate son mínimas o tardarían meses en darse. En nombre de los Vinlandeses a mi mando quiero reafirmar nuestra fidelidad a tu persona y renovar el juramento que te hicimos, lejos de poder auxiliarte en lo inmediato, haremos todo lo posible por no defraudarte en estos tiempos difíciles.

Con el afecto de siempre te saluda, Jona.