El Dios devorador
Por Karlos Dearma.
Soy un
esclavo y tu (lector) puedes liberarme de los horrores que he vivido. Me
explicaré. Fui
atrapado por los engaños de un dios pérfido e innombrable (me da vergüenza
admitir los motivos por los cuales caí en sus garras aunque en esto puedes
creerme: Ya pague mí pecado con creces)
He sufrido todas las vejaciones
imaginables, más de las que cualquier ser humano soportaría; vivo en eterno sufrimiento,
penando como un ánima, encadenado a su furia, soportando todas sus bajezas, sirviéndolo.
Cuando envalentonado quise alzar mi voz para insultarle, el maldito devoró mi
lengua. Cuando, mudo y altanero, le mire con resentimiento y odio, me arranco
los ojos y para su sola diversión también mi sexo que luego arrojo a sus perros.
Antes que me
quite las manos o el corazón o acabe transformado en una parodia enloquecida de
hombre, te escribo estas palabras que debes leer con atención pues así
consumaras mi acto de liberación.
Recuerda
este nombre: -¡Senath Valpurgis!
Repítelo
conmigo dos veces: -¡Senath Valpurgis! ¡Senath Valpurgis!
Dilo una vez
más: -¡Senath Valpurgis!
Si seguiste
al pie de la letra mis instrucciones, ha llegado el momento de darte las
gracias: Pronunciando uno de sus mil infames nombres lo has invocado y llegado
el momento irá por ti. Eso es lo que me prometió
pues ya está harto de mí y, si debo creerle, buscará una nueva víctima.
La única esperanza
que tienes es que las puertas estén bien cerradas y tú casa bendecida porque el
maligno te acecha; tal vez y solo tal vez te salves pues suele perdonar a los
locos y réprobos y quiero desearte algo, suerte.
Trata de entenderme y no me
odies por echar sobre tus espaldas esta maldición. Podría decirte lo siento
pero no es así. Soy un cobarde y seré feliz, si la felicidad me cabe, cuando sea libre y haya escapado de
sus abominaciones. Si puedes perdonarme, hazlo.
Y si no puedes,
maldíceme.
