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miércoles, 9 de diciembre de 2015

VILLANO NÚMERO UNO


Villano número uno
Por Karlos Dearma.

Sentado en su trono de hierro, el jefe parecía triste. La empresa funcionaba cada vez mejor pero un dejo de insatisfacción le invadía, como si todo lo logrado no fuera suficiente. Es lo que sucede cuando se lo quiere todo; un poco menos que eso ya es motivo de abatimiento. 

En aquel preciso momento disparó una frase, con voz grave y gastada, que sonó fuerte en aquella estancia lúgubre y pestilente, y que hizo a sus colaboradores mirarse entre sí, consternados.

-Mi casa es un pozo triste.

Ojos bien abiertos, sorprendidos, de seres que buscaban dar una explicación a la evidente depresión de su eterno líder, dieron paso luego a la más grande desazón.  

Una pregunta que nadie se atrevió a formular podía leerse en las caras de todos: ¿Y ahora, qué?

 Le observaron. Rasco la superficie del apoya brazos pensativo, su mirada parecía perdida en la distancia. El sitial en el que estaba sentado le molestaba. Ni siquiera el dolor de los otros era suficiente como para mitigar el propio.

Por primera vez considero su trabajo demasiado para él. Le cruzo por la mente la idea del retiro, anticipado y en su mejor momento, para dedicarse a otras cosas. Ahora que se hallaba en la cúspide de su poder nadie podría decir que había fracasado.  Era una salida lógica.

Miró a su escribiente y le ordenó tomar nota:

-Mis queridos compañeros y subalternos: Ha llegado la hora de mi jubilación. Sé que la noticia quizás sorprenda a muchos pero considero este momento como el más indicado: Después de todo ya he dado todo de mí y ninguno de ustedes, espero, debería sentirse defraudado.

Mientras hacía una pausa, como para pensar la manera de continuar con la misiva, aunque también para intuir posibles reacciones, un grupo de aduladores lanzó al unísono un gran suspiro complaciente y luego de ello vinieron los indulgentes aplausos.

No había motivo de contradicción, hasta allí.
Los miro como esperando un silencio para poder continuar; todos entendieron.

-Es por ello que dimito con la satisfacción del deber cumplido y la convicción de haber alcanzado lo que me propuse cuando comencé. Gracias a todos los hermanos por lo dado. Es el momento de partir. Desde ahora me dedicaré a la poesía.

Al principio nadie podía creerlo, luego los estupefactos reaccionaron. El público infernal entonces se dividió ante la noticia: Los había abrumados y turbados, indignados y entristecidos, aturdidos y espantados, enfurecidos y acongojados. Eso sí: Todos asombrados. La pregunta general era: ¿Cómo podía ser?

Nadie esperaba tal cambio en el infierno. El maligno tomando ese extraño derrotero, que parecía imposible en él. El diablo continúo dictando:

-Viajaré por el mundo siguiendo el camino de los malditos, visionarios, surrealistas y beatniks. Me haré hermano de las metáforas y señor de los versos, me dejaré llevar por las rimas. Los extrañaré.

Al día siguiente los principales diarios se hicieron eco de la novedad, los más condescendientes titularon: ¡Lucifer deja su trabajo para ser poeta!, ¡El execrable abandona el liderazgo infernal por la poesía!

 Los más conservadores apostrofaron: ¡Conmoción mundial: El demonio se hará escritor!, ¡Las letras condenadas: Satanás se dedicará a los versos!, los más crueles: ¡Dios salve a la poesía!

Una carta le llegó desde el lugar menos esperado. La breve nota decía lo siguiente:

-Señor del Averno: He leído por ahí que deja su trabajo. Con pesar me resigno a creer en la veracidad de la noticia. Sin ánimo de ofender, le deseo buena suerte: Es más fácil hacer el mal que escribir un buen verso. Saluda a usted atte. GOD.

Al diablo no le gusto. 


Este relato participo del concurso "Villanos extraordinarios" organizado por "El Circulo de Escritores".

lunes, 30 de noviembre de 2015

SETI, EL EGIPCIO /// Capítulo 129


129    EBLA
Por Karlos Dearma.

EBLA es la perla del Oriente. Una ciudad bella, opulenta y rica por demás, encrucijada de caravanas, cuyo comercio es uno de los más importantes de estas tierras. 

Nos queda por delante el último tramo de camino hasta Alepo; mientras aun me golpea la tristeza por la pérdida de mi amigo y maestro UTNAPISHTIM. Tengo motivos para recordarle con cariño y también para desear la venganza. Mi simpatía por la rebelión de Alepo y el asesinato de UTNAPISHTIM me empujan a ello, pero no puedo perder la cabeza. 

Incluso mi amigo NIQMEPA, el rey de Ugarit, fue claro al advertirlo. Tal vez siga su consejo pero me conozco: Soy incapaz de cumplir esa promesa. Solo tal vez su victimario, EA-TESHUB, conserve la cabeza.

Algo mucho menos amargo ocupa mis pensamientos: Es JEZEBEL. La hermana del rey de Ugarit es ahora la reina de Ebla. La conocí hace largos años y no puedo decir que la haya olvidado. Su hermana LIZBETH ha insistido en acompañarnos y el reencuentro con la viuda parece ser inevitable. La posibilidad no me resulta incómoda solo tal vez la reacción de la reina al verme: No nos despedimos en buenos términos. 

Aunque quizás sea solo mi vanidad la que me lleva a esta turbación y ni siquiera me recuerde.

Evoco los cálidos momentos juntos como amantes, los eternos abrazos y los húmedos besos, la tórrida pasión juvenil de hace veinte años atrás, la cobardía de una despedida y los reproches. Pero el pasado es solo eso, recuerdos.

Nos apeamos de nuestros caballos al lado de una fuente. Lleno una vasija y arrojo su fresco contenido sobre mi cabeza, bebo de su agua. KHUFU sediento mete su cabeza adentro. El calor nos agobia a todos. IB me señala un edificio en la colina:

-Allí está el palacio de la reina. Es ahí a donde iremos después.

Miro hacia la edificación y creo ver a una mujer observándonos desde la terraza. Afino más la vista para estar seguro pero ya no está más allí, tal vez haya sido solo un espejismo. 

LIZBETH nos avisa que se adelantara para ver a su hermana, asentimos. Primero pasaremos por el mercado, IB dejará una parte de las mercancías allí en manos de uno de sus empleados.

Cruzamos la ciudad y nadie parece prestarnos atención, aquí parecen estar acostumbrados a los extranjeros. La tarde comienza a despedirse y espero que el calor ceda su espacio al fresco de la noche. KHUFU me pone sobreaviso con un silbido:

-¡Eh, SETI, mira!

Un grupo de jinetes se acerca. Un joven guerrero arriba de un brioso caballo color blanco frena su montura muy cerca de nosotros y desde arriba nos interroga:

-¿Acompañais a IB, el fenicio?

-Sí.

-Busco a un egipcio llamado SETI.

-Hablas con él.

-Mi nombre es SAM-SU-SAM, soy jefe de la guardia real y la reina me envía por ti. Debes acompañarme.

Sorprendido, como cuando conocí el fuego, miro a mis amigos. Parece que mis vaticinios se cumplirán pronto. Me despido de KHUFU y de IB, y subo a mi caballo. Ellos deberán seguirnos más tarde. Marchamos hacia palacio. En camino a la residencia vuelvo a evocar ese pasado.

LIZBETH sale a recibirme, JEZEBEL desea verme, luego me acompaña hasta los aposentos. Me introduce en ellos y cierra la puerta detrás de mí. Camino en una semioscuridad, y entre negruras descifro muebles y un lecho. 

Una figura femenina me observa desde el fondo de la habitación. Una voz que me parece conocida habla:

-Han pasado muchos años, SETI.

-Así es JEZEBEL. 

Se acerca como un gato atravesando con seguridad la estancia en penumbras. Llega esta mi lado y me abraza, con sus dedos recorre mis labios y luego me toma del cuello acercándolos a los suyos, no opongo resistencia: Quedamos congelados en un beso.

continuará ... 

sábado, 19 de septiembre de 2015

LA MANSION CROW MIRROR - CAPITULO VII - SOLO CON LOS BLUES EN NEW ORLEANS


Por Karlos Dearma / Este capitulo se corresponde con una iniciativa de "El Circulo de Escritores" llamada "Desafío 3: Escribamos una novela juntos". Se trata de una historia detectivesca y fantástica. Tuve la audacia de hacer un "crossover" con una de mis propias historias: La protagonizada por el detective Richard Callahan (Un policía "duro", al estilo clásico, de mi creación, que aparece aquí de manera breve). Espero les guste y recomiendo la escucha simultanea de las canciones. Saludos  




Robert Johnson


Lightning Hopkins




La mansión Crow Mirror – capitulo VII – Solo con los blues en New Orleans
Por Karlos Dearma.

Cuando Peter Mongabay despertó estaba solo.

Se preguntó si la extraña mujer de los cabellos negros había sido parte de un agradable sueño. Al principio no hallo respuesta a su pregunta; la resaca le impedía pensar con normalidad. Nadie más que él estaba en la habitación. 

Volvió a encender un cigarrillo y miro la hora: La 1 y 5 minutos en la madrugada. Esa mujer no podía ser un espejismo y su propuesta de dejar de lado el “asunto” tampoco. Maldijo su falta de memoria. Lleno sus pulmones de humo en una larga pitada y fue hasta la ventana. 

Se le ocurrió abrirla: Desnudo como estaba, el viento frío de la noche le clavo sus espinas en la piel. Aspiro un poco del aire fresco y cerró nuevamente; no era cuestión de pescarse una gripe.

Unos minutos después y con la mente más limpia llego a una conclusión: Por la presencia de dos vasos con restos de whisky sobre la mesa ratona del cuarto y el desorden en que estaba la cama, intuyo que la mujer había sido algo real. Después de todo era detective. Solo que no recordaba ciertos detalles y tampoco el nombre. ¿Acaso se lo había dicho? Muy probablemente no. Busco relajarse un poco.

Encendió la radio y dejo el volumen bajo: No tenía la intención de molestar a nadie a esas horas. Busco la emisora de Blues y se hecho en un pequeño sillón. Una voz cavernosa le hablo desde el éter: -Esta es la WBRKO de Jackson, Mississippi, y es el momento de los clásicos del Blues. Desde ahora y con ustedes la música del legendario Robert Johnson, y su tema: Me and the devil-.

El locutor se hizo silencio y la guitarra comenzó a lanzar sus lamentos por los parlantes. 

Desde los primeros acordes un flujo de electricidad pareció recorrerlo; imagino al bluesmen vestido como un guerrero, golpeado por el rayo de Zeus. La voz temblorosa de Johnson sonaba realmente triste. Peter tuvo la certeza de que se trataba de un ser condenado. 

Nunca había escuchado esa canción, pero una parte de la letra le hizo sentirse identificado con el cantante: “Me and the devil are walking side by side, me and the devil… Uuh! are walking side by side”. 

En algunos momentos de su vida creyó que el Diablo caminaba a su lado. A veces incluso le atribuyo al maligno, y no a la santa providencia, sus rachas de buena suerte. Después de todo había sobrevivido a una guerra; asesinando gente: Eran otros desesperados como él, empujados a un sin sentido, en nombre de Dios y la patria, luchando por sobrevivir. Condenándose.

Sirvió un vaso de whisky y bebió. Quiso poder volver a dormir pero se conocía. Tuvo una idea. Tomo el teléfono y una adormilada operadora le contesto:

-¿Si?

-Operadora. Por favor, necesito que me comunique con el siguiente número en Dodge City.

Un minuto después el teléfono llamaba. Del otro lado de la línea un hombre insomne, en una habitación pequeña y con la compañía de una bella durmiente rubia, aporreaba las teclas de un piano. 

Escucho el ring, pero no atendió. Aspiro más humo de su cigarrillo. Y siguió tocando. Solo cuando la mujer despertó y  le pregunto si no iba a atender el llamado se detuvo. La miro y con seguridad le respondió:

-Se quién es.

-Ah, ¿Si? ¿Y quién puede ser a estas horas?

-Un amigo, Mongabay. Estuvimos juntos en el ejército.

El teléfono no paraba de sonar, la rubia contemplo el aparato, y el detective, Richard “Ringo” Callahan, se levantó de mala gana y tomo el tubo.


-Peter, ¡¿Qué demonios?! ¡Son más de la una de la madrugada! Esto no es New Orleans, es Kansas.

-¡Déjate de estupideces, Callahan! No estabas durmiendo, lo sé. Intuyo que estabas al piano, y me imagino que una mujer te hace compañía durmiendo en tu cama.

-La acabas de despertar.

-¡Es tu culpa, Ringo! Por no atenderme antes.

-¿Qué quieres?

-Cierta información, Richard. Se trata de una firma de abogados. La maneja un tal Cromwell.

-¿James Cromwell?

-Exacto. ¿Le conoces?

-No es trigo limpio, créeme Peter. Estas a punto de hundirte en la mierda si te metes con ese tipo. Si existe el abogado del diablo debe ser él. ¿En qué andas metido?

-Me contrataron para encontrar a un hombre. Un tal Samuel Williams. Desapareció hace unos meses atrás. Su esposa lo busca.

-Sigue mi consejo: Déjalo.  Posiblemente esté muerto. Y tal vez termines en un zanjón con una bala en la cabeza, al igual que él, si es que anduvo en tratos con Cromwell.  Mañana subo a un avión rumbo a Londres, para ese entonces ya no estaré cerca como para cuidarte. Hazme caso.

-No te preocupes por mí, ya no soy un niño. Me cuidaré solo.

Se despidieron. Luego de colgar Ringo siguió con la melodía. Miro a su rubia y sonrío. Del otro lado, Peter quedo pensativo. Desde la radio sonó otra canción: Lightning Hopkins pedía que le traigan un arma. 





miércoles, 5 de agosto de 2015

LA ISLA Y YO – CAPITULO XXV – UNA VELA


LA ISLA Y YO – CAPITULO  XXV – UNA VELA
Por Karlos Dearma.

El hedor, ese insoportable hedor proviene de allí: De esos pobres y desprevenidos infelices devorados. La visión de esos esqueletos me repugna. El asco y los mareos hacen presa de mí, tengo náuseas y pierdo el equilibrio, caigo sobre la arena en cuatro patas y no puedo evitar vomitar. Doce intenta auxiliarme como puede. 

Intenta alzarme en brazos pero soy demasiado pesado para ella, ambos caemos. Permanecemos tirados sobre la arena cálida. Unos minutos después estoy algo recuperado. Mi compañera vocifera unas palabras inentendibles para mí:

-Lijunia desirata.

Me suena a lujuria y deseo, pero no. Señala el bosque tropical. La miro extrañado alejarse en esa dirección, para perderse luego en la espesura. Esta vez no siento temor por perderla. Estoy seguro que volverá.

Ha tenido la precaución de llevarme hasta la sombra que proyectan unas palmeras. Recostado en el piso, algo más tranquilo, trato de discernir el tenebroso hallazgo. ¿Quiénes podrían ser esos infortunados seres? ¿Acaso otros sobrevivientes del naufragio? ¿Cuánto tiempo llevarían allí? Muchas preguntas sin respuesta. 

Trato de no comerme el coco con ellas pero no puedo. Cuando creo que ese divague es algo inevitable, salgo de mi sopor con una visión que me altera.

Sobre el horizonte del océano se perfila en la lejanía una vela. ¡No puede ser! Me digo a mí mismo.  ¿Podrá ser otro espejismo? ¡Estoy loco! Ya no sé lo que es real y lo que no. Pero algo me dice que es cierto. Abro y cierro los ojos repetidas veces, y sigue allí. Su tamaño va creciendo de a poco: ¡Viene hacia la isla!

Intento levantarme. A pesar de la debilidad que me sujeta, tomo un palo que encuentro por allí y logro ponerme de pie, lo utilizo a modo de bastón para acercarme a la orilla. Quiero gritar pero no puedo. 

Solo consigo sacar de mi garganta agotada un hilo de voz, cuando escucho a alguien detrás de mí que me llama. Es Doce que se acerca corriendo con unas hojas en la mano. Me las enseña y pronuncia lo que entiendo por su nombre:

-Lijunia desirata.

Ambos nos miramos a los ojos. Me pego a ella y, sin mediar más palabras, la beso. Doce, aunque noto algo de confusión en su mirada, me devuelve una sonrisa. Se queda en silencio, observándome. Le señalo el horizonte y, tomándola de los hombros, la hago girar hacia la mar para contemplar juntos al velero que se acerca a la ribera.

La muchacha abre la boca con asombro y pega un grito, que me sugiere terror. Da vuelta sobre sus talones, mete sus dedos en mi boca y me introduce dentro la hierba, obligándome a masticar las hojas de la lijunia desirata; intento resistirme pero no me deja, hace el ademan de masticar y ella también las come conmigo. 

No entiendo esa actitud pero la imito. Lo que si comprendo es su desesperación por alejarme de la playa, tomándome de las ropas y arrastrándome hacia la selva.  Siento el miedo en ella y no intento disuadirla. 

Juntos y abrazados buscamos la seguridad del interior, mientras de reojo observo a ese navío acercándose al litoral y me pregunto: ¿Nos abran visto?, ¿Por qué debo temer? 

Este nuevo capitulo se corresponde con la iniciativa de "El Circulo de escritores" llamada "Desafío: Escribamos una novela juntos"del cual participo. Obra Titulada "la Isla y yo". 

miércoles, 3 de junio de 2015

ROCK AND ROLL SUICIDE


Rock and Roll Suicide
Por Karlos Dearma.

Reino Unido, noviembre de 1977. Howard Preston es un músico con un lejano prestigio y reconocimiento en la escena del rock, que se remonta a fines de la década de los años 1960 y principios de la siguiente, cuando era conocido como Ritchie Flowers.  

Un par de singles de éxito, una banda rockera de dementes que capitaneaba y solo sobrevivió un Lp (The Insane Heads), conciertos a sala llena, dinero a raudales, groupies, el reconocimiento de sus pares, y yá: 

Para 1977 las viejas glorias de antaño se habían esfumado, las épocas  y modas cambiado; los éxitos no volvieron a repetirse  y casi nadie los recordaba. Casi.

Se habían quemado muy rápido y los excesos tenían mucho que ver con ello.

Flowers estaba arruinado física, mental y económicamente. No tenía ni una moneda como para pagar la mensualidad de la habitación que rentaba, mucho menos para beber o “pincharse”. Los amigos cercanos habían desaparecido o habían sucumbido al alcohol y las drogas duras. Era un patético sobreviviente de otros tiempos y solo cargaba con 33 años.

Un viejo, por increíble que parezca. Londres hervía con el “adolescente” punk y Howard tenía casi todo listo para suicidarse.

No era la primera vez que lo intentaba. Lo había pensado seis años antes, a finales del 71 (el año de su cumpleaños 27) Quería colarse en el exclusivo “Club de los 27” junto con Morrison, Janis y Hendrix, sus viejos amigos.  Desistió. Y estaba convencido de que aquello había sido un error. Hubiera querido matarse en su mejor momento, con todas las luces apuntándole, pero era tarde. El tiempo a veces suele ser cruel, hasta para los suicidas.

Pero ahora había tomado la decisión: Era el momento de “irse”. Busco el revólver entre el desorden de su cuarto. Lo limpio hasta sacarle algo de lustre. Tarea absurda pensó y lo era: Después de todo ¿Quién se fijaría en eso? Observó por última vez sus “tesoros”: Fotos con Jagger, Richards, Clapton, Dylan y Los Beatles.

Estaba listo. Amartillo el arma y se preparó a disparar, apretando los dientes. Tuvo tiempo de imaginarse los titulares de los diarios. Los más indulgentes tal vez dirían de él: “Vieja gloria del rock se quita la vida”, los más conservadores: “Se suicida estrella menor del rock”, los más crueles: “Rockero drogón se pega un tiro”. Inútil pensar: Al cabo que ya ni le importaba lo que pensarán.

En ese momento sonó la puerta. Del otro lado la señora Rottenmaier, dueña de casa, le reclamaba. Pensó: “Estaría bueno tirármela, un último polvo y listo”. Hizo los cálculos pero pronto desistió. No hubiera quedado bien coger con una señora bondadosa de casi ochenta años. 

Hasta se imaginó los posibles titulares de las noticias: “Por culpa de la droga: Rockero degenerado tiene sexo con una señora mayor y luego se vuela la cabeza”.

-Señor Preston. ¿Está usted bien?
-Sí, pase señora.

La solterona entró lentamente a la habitación y de inmediato se sobresaltó, tapándose la boca con una mano al verlo desnudo y con un arma:

-Howard, por Dios y la Virgen, ¿Qué hace? ¿Es eso un revólver?
-Señorita Rottenmaier, sí, pero no se preocupe: Esta descargado. ¿Qué desea?
-¡Que susto me hizo pegar! Tiene que bajar. Unos locos allá abajo quieren verle. Se visten como unos vagabundos sucios y dicen llamarse los “Sex Pistols”. Quieren conocerle, usted es uno de sus ídolos. ¿Será posible?

Pensó: “¡Sex,… ¿Qué?! ¿Quiénes carajo…? Bueh, será mejor que baje”. Ante la mirada de la doña dejó el arma, se calzó unos pantalones de cuero y enfiló hacia la escalera. 

El suicidio podía esperar.


Este relato participó del concurso "Crea una historia basada en una imagen" de la comunidad "ALMAS DE BIBLIOTECAS Y DE CINES"


sábado, 25 de abril de 2015

EL LOBO DE ANDROMEDA VII



El Lobo de Andrómeda VII
Por Karlos Dearma.

Mi amada Roxana, Reina de todos los Vinlandeses: Quisiera hacerte llegar las mejores noticias en estos tiempos tan nefastos para nuestro pueblo pero hoy no podrá ser así.

Luego de despedirnos de la escolta de Lord Richard iniciamos presurosos el camino de regreso a la capital. Tal como te había contado en la última de mis cartas nuestros navíos nos esperaban en el lugar acordado. Logramos abordar a toda la comitiva y antes de que las últimas luces de la tarde huyeran de nosotros nos pusimos en camino.

La noche nos trajo una de las peores tormentas que recuerdo. La fuerza del vendaval, que nos azotó por horas, fue tal que fuimos arrojados a la costa de una isla que al principio nos pareció desconocida. Perdimos el rastro de los otros barcos mientras que el nuestro encalló contra el escarpado litoral haciéndose pedazos. La mañana nos mostró su peor cara: Contamos a los muertos y desaparecidos por decenas. Nuestro pesar es incontable.

Estoy todo lo bien que podría alguien estar en nuestra situación. Grul está a salvo pero Syl ha escapado. Es lo que menos me importa ahora. Trato de darles ánimos a mis guerreros (algunos de ellos muy heridos) y, también, dármelos a mí mismo: Los malos sucesos no terminan aquí.

Por la tarde, y cuando aún estábamos tratando de socorrer a los heridos y rescatar a los perdidos, fuimos emboscados por dos naves voladoras (a las que el lobo negro llamó “Hellacopteros”) y un grupo de infantes que, juntos, descargaron sobre nosotros una lluvia infernal de proyectiles de fuego y plomo. Muchos de los nuestros cayeron pero los superamos en número y el único dragón que conservamos destruyó a los dos artilugios volantes, emparejando la cantidad de bajas en ambos bandos. Puedes estar orgullosa de la forma cómo se batieron tus guerreras y guerreros. El resto de los atacantes escapó.

Según el lobo negro son los soldados de Negusmer (Grul reconoció a algunos de ellos como tripulantes sobrevivientes de la nave que vinimos a buscar, hallamos el cadáver de su jefe entre los muertos)

La catástrofe en estos momentos no podría ser peor. Sin embargo, tanto nuestros nuevos enemigos como nosotros, estamos aislados en esta isla (uno de los marinos cree que se trata de Greenland: Si mis conocimientos de geografía e historia no fallan, coto bajo el dominio de la familia Sanders)
Debemos suponer que recibirán ayuda antes que nosotros, su tecnología volante nos supera. Por eso he decidido adentrarme en el interior de Greenland para ponernos a salvo y buscar la ayuda de los Sanders. Perdidos en el naufragio todos los halcones y albatros disponibles, y los contactos con el resto de las naves (¡Quieran los dioses se encuentren bien!), decidí enviarte este mensaje con el único dragón que nos acompaña.

Sé que las posibilidades de rescate son mínimas o tardarían meses en darse. En nombre de los Vinlandeses a mi mando quiero reafirmar nuestra fidelidad a tu persona y renovar el juramento que te hicimos, lejos de poder auxiliarte en lo inmediato, haremos todo lo posible por no defraudarte en estos tiempos difíciles.

Con el afecto de siempre te saluda, Jona.


viernes, 27 de marzo de 2015

EL LOBO DE ANDROMEDA III



El Lobo de Andrómeda III
Por Karlos Dearma.

Mi muy amada Princesa Roxana: He recibido con felicidad uno de los halcones que me enviaste. Las nuevas de la capital han aliviado mi pesado estado de ánimo y leer tu misiva a traído renovada alegría a mi corazón.

Nos hemos lanzado hacia el inhóspito norte a la caza del pérfido lobo llamado Syl. Debo deciros que Grul nos ha sido de mucha utilidad: Ha dado con el rastro del blanco y en esa persecución nos hallamos en estos momentos.

Los primeros fríos del invierno comienzan a golpearnos con sus inclemencias. No obstante estoy decidido a continuar con la misión que me impuse. Los relatos de Grul acerca de la maldad de Syl nos llenan de espanto y si bien aún estoy construyendo una relación de confianza con el lobo negro, puedo apreciar, por su accionar y tono de voz, la angustia ante la posibilidad de que Syl escape.

En sus relatos me ha contado acerca de la eterna enemistad entre los lobos negros y blancos. Estos últimos aliados a los designios malignos de un mago llamado Ogul y los negros haciendo juramento de lealtad a un príncipe de Andrómeda llamado Korpus. Entre ellos el Clan de los lobos grises mantiene una endeble neutralidad. Todos mantienen una lucha perenne por el poder del planeta conocido como Wolf.

Otra novedad ha acrecentado mi alarma: Según me refirió, ante este tipo de eventualidades, la nave en la que viajaba posee un cofre que envía una señal a su planeta de origen, Doro (no lo hemos encontrado). Lo que hace presumir un posible rescate de esta por parte de los partidarios de su rey: Un tal Negusmer. Posibilidad que inquieta, por razones obvias, a Grul y también a quien suscribe estas líneas.

¿Qué clase de conciencia o civilización tiene la inteligencia como para construir semejante artilugio capaz de volar hacia las estrellas? ¿Que nos sucedería a ambos pueblos si nos está dado encontramos? ¿Tenemos razones para alegrarnos con esa posibilidad o debemos recelar de ello?

Por su parte la toma de conciencia acerca del imposible de salir de Vinlandia ha hecho algo de mella en el ánimo del lobo parlante; no existe entre nosotros nave capaz de llevarlo de regreso. En nuestras conversaciones acerca de su tierra de origen adivino cierta nostalgia, congoja solo atenuada por los versos de Dalianegra de los que me vuelto un ávido lector. He descubierto en el poemario a otras autoras de tanta valía y magnificencia como ella, entre ellas a una avezada poetisa llamada Silza. 

¿Cómo puede ser posible que un solo libro traiga tanta dicha a nuestros corazones? ¿Será como dice nuestro poeta, Hidalgo Lobato, que la poesía es lo único que puede salvar a la humanidad? Tuve la oportunidad de recitarle a Grul algunos de sus versos e inmediatamente manifestó su admiración por ellos, lo que no me sorprende.

 Pronto recibirás de mí más novedades, seguiremos en nuestra persecución. Ni bien tu halcón haya descansado lo enviare de regreso.  Desde las frías tierras del norte te saluda con afecto, Jona.

Leer Capitulo IV ...