El Lobo
de Andrómeda III
Por Karlos Dearma.
Mi muy amada
Princesa Roxana: He recibido con felicidad uno de los halcones que me enviaste.
Las nuevas de la capital han aliviado mi pesado estado de ánimo y leer tu
misiva a traído renovada alegría a mi corazón.
Nos hemos
lanzado hacia el inhóspito norte a la caza del pérfido lobo llamado Syl. Debo
deciros que Grul nos ha sido de mucha utilidad: Ha dado con el rastro del
blanco y en esa persecución nos hallamos en estos momentos.
Los primeros
fríos del invierno comienzan a golpearnos con sus inclemencias. No obstante
estoy decidido a continuar con la misión que me impuse. Los relatos de Grul
acerca de la maldad de Syl nos llenan de espanto y si bien aún estoy
construyendo una relación de confianza con el lobo negro, puedo apreciar, por
su accionar y tono de voz, la angustia ante la posibilidad de que Syl escape.
En sus
relatos me ha contado acerca de la eterna enemistad entre los lobos negros y
blancos. Estos últimos aliados a los designios malignos de un mago llamado Ogul
y los negros haciendo juramento de lealtad a un príncipe de Andrómeda llamado
Korpus. Entre ellos el Clan de los lobos grises mantiene una endeble
neutralidad. Todos mantienen una lucha perenne por el poder del planeta conocido
como Wolf.
Otra novedad
ha acrecentado mi alarma: Según me refirió, ante este tipo de eventualidades,
la nave en la que viajaba posee un cofre que envía una señal a su planeta de
origen, Doro (no lo hemos encontrado). Lo que hace presumir un posible rescate
de esta por parte de los partidarios de su rey: Un tal Negusmer. Posibilidad
que inquieta, por razones obvias, a Grul y también a quien suscribe estas líneas.
¿Qué clase de
conciencia o civilización tiene la inteligencia como para construir semejante
artilugio capaz de volar hacia las estrellas? ¿Que nos sucedería a ambos
pueblos si nos está dado encontramos? ¿Tenemos razones para alegrarnos con esa
posibilidad o debemos recelar de ello?
Por su parte
la toma de conciencia acerca del imposible de salir de Vinlandia ha hecho algo
de mella en el ánimo del lobo parlante; no existe entre nosotros nave capaz de
llevarlo de regreso. En nuestras conversaciones acerca de su tierra de origen
adivino cierta nostalgia, congoja solo atenuada por los versos de Dalianegra de
los que me vuelto un ávido lector. He descubierto en el poemario a otras autoras
de tanta valía y magnificencia como ella, entre ellas a una avezada poetisa
llamada Silza.
¿Cómo puede ser posible que un solo libro traiga tanta dicha a
nuestros corazones? ¿Será como dice nuestro poeta, Hidalgo Lobato, que la poesía
es lo único que puede salvar a la humanidad? Tuve la oportunidad de recitarle a
Grul algunos de sus versos e inmediatamente manifestó su admiración por ellos,
lo que no me sorprende.
Pronto recibirás de mí más novedades,
seguiremos en nuestra persecución. Ni bien tu halcón haya descansado lo enviare
de regreso. Desde las frías tierras del
norte te saluda con afecto, Jona.
Leer Capitulo IV ...
