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jueves, 28 de mayo de 2015

EL AMOR ... ESE PERRO DEL INFIERNO /// Capitulo 3



El Amor… ese perro del infierno III
Por Karlos Dearma.

Los golpes en la parte trasera del Chevrolet sobresaltaron a ambos. Callahan creyó oír en ellos el reventón de un neumático pero pronto cayo en la cuenta de que no era así. Los golpes parecían provenir del maletero. Observo a la viuda Langsner y esta le devolvió una mirada de fastidio.

-¿Qué fue eso?-Interrogó a la rubia que aspiro profundo y sin dejar de prestar atención a la carretera, soltó un resoplido de hastío.
-Ha de ser Rebeca. Le di un golpe en la cabeza y la encerré allí detrás. La sorprendí saliendo de la casa en donde estabas cautivo. Pensé que me podía ser útil en algún momento.
-Detén el auto.-la rubia no parecía contenta pero obedeció sin chistar, disminuyendo la velocidad para luego detenerse en una cuneta de la autovía.-

Ringo descendió del auto con dificultad. Aun le dolía todo el cuerpo. Rengueando, camino hacia la parte trasera del carro, se agacho, tomo la manija del maletero tirando de ella y abriendo el cofre del baúl. Dentro, Rebeca entreabrió los ojos y lo miro con odio.

 Intento gritarle algo pero apenas si pudo. Callahan sonrío con malicia. La Meyers estaba atada y amordazada y muy poco podía decir que se le entendiera. Richard se apiado levemente y le soltó la media de mujer que le tapaba la boca. Rebeca grito enfurecida:

-¡Malditos!, tú y la puta esa que me encerró aquí. Disfrutaré viendo como los hombres de Nolan acaban con los dos.
-Walter Nolan está bien muerto. Así que lo veo bastante difícil. Al menos no ahora.
-¡Bastardo! Te haré matar. Mi hermano Auggie no dejará pasar esto. Ya lo verás.

Richard Callahan quedo pensativo. Volvía a escuchar ese infame nombre después de mucho tiempo. Ahora sabía quién más estaba detrás de todo el asunto. Auguste “Auggie” Meyers tenía un prontuario abultado como tratante de blancas, pistolero y otras bajezas más, y él mismo lo había enviado a la cárcel, de la que salió muy rápido gracias a sus “contactos”; pero nunca había llegado a hacer una asociación entre él y Rebeca. 

La venganza que casi logro enviarlo al sepulcro tenía un nuevo protagonista. Auggie era el jefe de una banda de traficantes y contrabandistas aliados a los negocios sucios de Nolan. Su base de operaciones estaba en Tulsa (Oklahoma), en donde el alcalde, el juez y la policía le cobijaban. 

¿Cuántos más estaban metidos? ¿Qué rol jugaban sus “compañeros” policías en esto? Ringo pensó en que debía moverse rápido y no confiar en nadie.

Volvió a amordazar a Rebeca que protesto sin conmover al detective, cerró el cofre y subió al auto. La morena comenzó de nuevo con las patadas en la tapa del cofre pero a Callahan lo tuvo sin cuidado. La viuda Langsner, que había escuchado la conversación, encendió el carro y se puso en marcha. Ringo en tono severo le pidió el arma.

-¿Cuántas balas tienes?
-Las que lleva puestas el tambor.

Richard saco el seguro del cilindro, lo desplegó y contó solo cinco proyectiles en su interior. No eran suficientes. Pensó: “No hay caso con las mujeres, puedes encontrar casi cualquier cosa dentro de una cartera femenina menos una ronda extra de balas calibre 38.” 

Pero el detective no era de aquellos que se amilanaban rápidamente.

 Necesitaría muchas más municiones y armas para liquidar a las bandas de Nolan y Meyers juntas. Y se le ocurrió que alguien más podría proporcionárselas: El alemán Bukowski.

continuará ...