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viernes, 16 de diciembre de 2016

LA LUZ DE LAS NOCHES (Cuento corto por Karlos Dearma)


La luz de las noches
Por Karlos Dearma

La tarde se fue de a poco y la tierra se envolvió en sombras. Eso lo inquietó. Tan pronto como la noche ocupo la escena, un creciente viento fresco llego desde las montañas, erizándole el pelo, haciendo bramar con soplidos invisibles, las ramas de los árboles. Olfateó el aire y sintió los aromas de la foresta y el frío se metió por sus fosas nasales.

La soledad lo rodeaba. El resto del grupo lo había dejado atrás. Un ruido de ramas secas rompiéndose lo puso en estado de alerta. Sintió miedo y desconfiado como era, se agazapo detrás de unas rocas. Aguzó los oídos, alzando cabeza y orejas, pero solo recibió el sonido del silencio. Un perseguido como él sabía que debía evitar a los hombres:  Esos carniceros infames que querían cobrarse su vida.
Hubiera querido confirmar esa nada visualmente, pero la luz de la noche no había aparecido aún. ¿Qué le habría sucedido?

La oscuridad era casi total, pero como si una magia hubiese respondido a sus deseos, la luna finalmente emergió desde los densos nubarrones que cabalgaban el cielo, tiñendo con su luz gélida la faz de los bosques.

 Envalentonado, subió a una roca alta y le lanzó un fuerte aullido, agradeciéndole una vez más su tierna compañía. Desde la lejanía, otros lobos lo imitaron. 

miércoles, 30 de noviembre de 2016

SETI, EL EGIPCIO /// CAPITULO 144



144   MUWATALLIS AL RESCATE (ARNUWANDA)
Por Karlos Dearma

Quedo a solas con un centinela y el mensajero del rey, que permanece en la penumbra.

 Observo el lugar de mi encierro y estudio las posibilidades de escape que tengo: Casi nulas. Solo un agujero en lo alto de la celda, cerrado con rejas y por el cual se mete el aire frio de la noche, y la puerta de entrada. Piensa ARNUWANDA, piensa. No es la primera vez que te han pillado. Estos muros no pueden encerrarte.

-¿Acaso piensas escapar? Sera mejor que lo olvides: Nadie huye de la prisión de EA-TESHUB.- El guardián sonríe con satisfacción, tal vez sea cierto lo que dice. Mejor no pensarlo.

-Siempre hay una primera vez para todo, amigo.-La otra voz, que responde a los dichos de mi guardia, me resulta familiar. Esta vez intento prestarle más atención al mensajero. 

En las oscuridades creo reconocer a la figura. Pero si es… ¡MUWATALLIS! El carcelero lo mira extrañado. Mi amigo sale de la penumbra y le atiza un golpe en la cara que lo deja fuera de combate. Se agacha y comienza a revisar entre las ropas del guardia. Encuentra unas llaves.

-Nos vamos amigo. Tendrás que explicarme como te hiciste encerrar de manera tan tonta.

-Primero salgamos de este horrible lugar.
Abre la puerta y por lo bajo le doy las gracias: No me gustaba la idea de tener que sufrir la tortura. Estoy algo dolido pero entero. Tomo la espada del guardia mientras mi amigo lo mete dentro de la celda. Busco una cuerda y algo que sirva de mordaza. Lo dejamos encerrado.

-No tenemos mucho tiempo, ARNUWANDA. El jefe regresara pronto, cuando se dé cuenta que el rey no lo mando llamar.

-Por los mil dioses de Hatti, MUWATALLIS. ¡Nos buscara toda la guarnición!

-Entonces salgamos con prisa. No tengo un plan. Antes debemos llevarnos a alguien.

-¿Un retraso? ¿De quién se trata, mi príncipe?

-ARNUWANDA, ¡No me digas príncipe! Es una de las rebeldes.

-¿SILOE?

-¿Es así como se llama?

-Sí, jefe: es una de las líderes y no solo eso. Debía intentar liberarla. Pero no puedo contártelo ahora. Mejor vamos por ella, créeme, es importante.

No está muy lejos de allí. Esta débil y por lo tanto no ofrece resistencia. La liberamos y un alboroto se desata en las mazmorras. Son los otros prisioneros. No hay tiempo de liberarlos. Pero mi amigo insiste y les entrega las llaves. No podemos esperarlos. 

Corremos por los pasillos y buscamos el techo de la prisión. Deberemos saltar desde la muralla. No está bien hacerlo sin cuerdas  y no hay mejor alternativa. Sera duro. Piensa ARNUWANDA, piensa. Y cuando pensamos que podemos irnos, alguien nos cierra el paso.

-¡Alto, MUWATALLIS, ¿Adónde vas con la prisionera?!

-¡GUREK, será mejor que no intentes detenerme! ¡Voy a irme con esta mujer y con mi amigo y nadie me detendrá!

-¡No puedo permitirte eso, MUWATALLIS!

-No me obligues a matarte, GUREK.

-Nadie matara a nadie hoy aquí. Soy ARNUWANDA, jefe de Hatti. Escucha, GUREK. Eres hitita al igual que nosotros. Ayúdanos.

-¿ARNUWANDA? ¡Por los mil dioses! Estuve a tu mando en la guarnición de Hattusas. Soy hijo de PUSARRUMAS.

-¡PUSARRUMAS! ¡El heteo más loco y valiente que he conocido! Te recuerdo, eras casi un niño. Escucha: Tu padre es mi amigo, GUREK, ayúdanos a escapar.

-Lo sé. Voy a meterme en un lio. Buscare una cuerda y engañare a los guardias. Ocultaos.
GUREK desaparece en la noche. La alarma ha sido dada para cuando regresa y la sorpresa se pierde. Jinetes y centinelas recorren allí abajo la ciudad de Alepo. Comenzamos a descolgarnos desde la muralla. SILOE y MUWATALLIS primero. Tal vez la oscuridad nos sirva de refugio. Quedo último.

-GUREK, ¿Vendrás con nosotros?

-No, fingiré y me pondré a buscarlos junto con el resto de la guarnición. Nadie sospecha de mí. Los presos liberados están armando un gran alboroto, y eso puede servirles para escapar.  Algunos compatriotas aquí dentro están descontentos. Cuando sepan que estas entre los rebeldes tal vez quieran unirse a ti, ARNUWANDA.

-Gracias amigo. Te debo una.

Me despido del joven con un apretón de manos. Desciendo por la cuerda para sumergirme en las tinieblas. Lo que parece disiparse ahora es mi mala suerte.

continuará ...


miércoles, 19 de octubre de 2016

SETI, EL EGIPCIO /// CAPITULO 143



143   ARNUWANDA AL RESCATE (ARNUWANDA)
Por Karlos Dearma.

-¿Podrás entrar en la ciudad sin ayuda, ARNUWANDA?-SESOSTRIS se muestra preocupado por mi plan de entrar en el interior de Alepo. HATTUSILLI lanza una mirada escéptica. Tengo que desalentarles.

-Sera difícil pero lo he hecho antes. Esas murallas no son lo suficientemente altas. Tuve buenos maestros de escalada.
 
HATTUSILLI cambia su faz: Ahora sonríe. Estoy seguro que la empresa no será fácil. Solo compongo frases arrojadas para darme valor.

Un par de lugareños me acompañaran. Son BARTO y REBEDEM. Ellos conocen Alepo, y a la mujer que debemos rescatar. O por lo menos averiguar si eso es posible. Hemos elegido la torre norte. Es la menos protegida de la ciudad. EA-TESHUB y sus hombres no esperan un ataque por ese lugar, del lado de la tierra de los dos ríos.

-Nos pondremos en marcha esta misma noche. Buscare lo necesario para escalar los muros. Entrare y encontrare a MUWATALLIS. Intentaremos sacar a SILOE, y, si no podemos, regresaremos con la información necesaria para atacar la ciudad.

-No te arriesgues más de lo necesario, ARNUWANDA. Vuelve en una pieza de ser posible.

HATTUSILLI suena grave. Me halaga y reconforta el que se preocupe por mi persona. Pero alguien debe hacer este trabajo, y ninguno de ellos dos es el indicado. 

Mis acompañantes conocen las calles de la urbe y tienen parientes tras los muros que deberían ocultarnos. Manos a la obra.

Por la noche nos deslizamos hacia Alepo. Las oscuridades deberían cubrirnos lo suficiente como para poder trepar las paredes. 

SESOSTRIS y HATTUSILLI nos escoltan hasta el pie de las murallas.  No son lo suficientemente altas para mí. Algunos pocos centinelas caminan por detrás de las almenas con antorchas en las manos. Esperamos. Necesito que se alejen lo suficiente para poder lanzar un gancho.

HATTUSILLI me hace una seña. Hago balancear la cuerda y la arrojo hacia arriba. El gancho vuela, vuela y supera la altura de la pared.

Cae sin hacer mucho ruido y me aseguro que este firme: Lo está. Espero otra señal de HATTUSILLI. No hay novedad en los muros.

Trepo. Primero solo. Apenas unos instantes después estoy en la parte superior. Con un silbido sordo llamo a BARTO y a REBEDEM, que comienzan a ascender. Me oculto en las sombras, y vigilo los movimientos de los guardias. Están lejos.

Los dos sirios se reúnen conmigo y buscamos un lugar para meternos en las calles. Izo la cuerda y la aseguro de nuevo. Esta vez la arrojo hacia el interior. BARTO y REBEDEM bajan primero. Les sigo, y, una vez abajo, suelto las ligas y nos ocultamos fuera de la mirada de los guardias. Estamos en el interior de Alepo. 

REBEDEM nos hace una seña y entendemos que debemos seguirle. Todo está tranquilo. Aquí y allá algunos candiles iluminan las calles vacías. Los pobladores están puertas adentro. No hay señal de las patrullas nocturnas que guardan el reinado de EA-TESHUB. Mejor así. 

Caminamos con cautela, saltando los cruces lo más rápido que podemos, dejando atrás las almenas. Nos detenemos en una calleja oscura. BARTO nos da instrucciones:

-Faltan unas pocas casas desde aquí hasta lo de mi tío, SEP.  Iré delante, denme un momento y luego síganme.

Asentimos. Lo vemos cruzar una plaza. Del otro lado nos hace una seña. REBEDEM le sigue. Espero. Cuando ambos se juntan levantan sus brazos para que me junte con ellos, o por lo menos eso creí: Sería lo malo. Lo que sucedería después me haría darme por el suelo con la evidencia de que aquel no era mi día de suerte.

Me lanzo en una carrera a través del espacio abierto cuando escucho algo inquietante: Caballos y jinetes que vienen en esta dirección. 

Consigo arrojarme al piso, tratando de cubrirme entre las oscuridades.
Cuatro guerreros montados irrumpen en la plaza. Trato de esconderme lo mejor que puedo. Los soldados disminuyen la marcha y los caballos que montan piafan nerviosos. 

Los observo escudriñar el espacio abierto. Pero no me ven: demasiada oscuridad. Seguirán su camino, pienso. Pero no es así. Cuando comienzan a alejarse, un grupo de perros callejeros, que no había visto, me olfatea.

Me señalan con ladridos y pago caro su traición. Los jinetes desconfían y regresan sobre sus pasos, justo hacia donde estoy. Solo tengo una opción: correr.

Le hago señas a mis compañeros para que se pongan a salvo, los veo huir en dirección contraria. Me incorporo e intento escapar. No puedo: Los perros me cazan antes que los montados. 

Caigo al piso, con los canes mordiéndome los pies y las ropas, y lo que es peor: los guardias me dan alcance, rodeándome.

-¡Alto extranjero!  ¿Quién eres?

Quedo en silencio. Pensando en una respuesta, reponiéndome de los magullones. El que parece su jefe no es  del tipo que tiene paciencia. Me golpea en la cabeza y caigo sin conciencia.
 
El desmayo debe de haber durado unas horas.
Cuando despierto estoy en la prisión, encerrado en una celda y con un centinela observándome. Se da cuenta que estoy despierto y llama a su jefe. Menuda suerte la mía.

-Veo que has despertado de tu siesta. Sera mejor que hables ahora, extranjero. Dime tu nombre y lo que estabas haciendo dentro de la ciudad.

-No tengo nada que ocultar. Mi nombre es ARNUWANDA. Vine a ver a mi novia.

-¿Tu novia? ¿Con que eres gracioso? ¿Te deslizas por la muralla y esperas que crea esa tonta historia? Dime su nombre y la buscaremos por ti.

-No puedo decírtelo. Es una mujer casada.

-¿Con que casada? Mira pequeñín, te aplastare la cabeza con mi espada si no empiezas a hablar. Mis hombres los vieron entrar a la ciudad. A ti y a los otros dos. Es solo una cuestión de tiempo para que les pillemos a ellos también.

-¡Ey, jefe: El rey te llama!-Alguien en la penumbra llega con el mensaje, no le prestó atención. Por ahora el interrogatorio se ve interrumpido. 

No es algo que le guste al interrogador. Creo que voy a pasarla mal y debo prepararme para ello. El misterioso personaje me deja bajo vigilancia y se retira. Antes lanza una sonrisa maliciosa que logra inquietarme.

-Volveré.

continuará ... 


lunes, 12 de septiembre de 2016

SETI, EL EGIPCIO /// CAPITULO 142


142  KHUFU EN LA FORTALEZA DE EA-TESHUB (KHUFU)
Por Karlos Dearma.

Nunca había visto tanta basura junta. Escoria del norte, del Este y del Oeste, toda mezclada en un único lugar y bajo el liderazgo de EA-TESHUB, o sea, la mugre. 

Un par de soldados a sueldo nos salen al paso: Nos anunciamos en la puerta de la fortaleza.

 IB está inquieto y no lo culpo; no siento lo mismo. Solo un poco de asco. Algunos de estos gandules participaron del saqueo de mi país. Los he contado: Hasta ahora ciento dieciséis hombres en el recinto. A SETI le interesara el dato. Me gustaría cortarles la garganta a algunos de ellos, pero por razones obvias debo abstenerme. Debemos esperar, lo hacemos buscando la sombra de la muralla.

Un tipejo al que le falta aseo, mercenario a sueldo, desdentado, desafiante, rumiando,  viene a nuestro encuentro. Nos hace señas de que le sigamos y nos dice algunas palabras en el lenguaje pesado de los habitantes del Elam; no logro comprender pero vamos tras él, en dirección a palacio.

Penetramos dentro de unas amplias estancias y el paisaje lúgubre de la ciudad tiene aquí su perfecto contraste: Un lujo fenicio lo impregna todo. Las paredes están decoradas con grabados de dioses a un lado y escenas de cacería del otro. Suntuosos tapices cuelgan de las paredes, y enormes candelabros llenos de velas encendidas iluminan su interior. Una fuente de agua en uno de los lados transmite la parte de frescor que nos estuvo negada desde que llegamos a la ciudad.

Un hombre de aspecto fornido, barbado, ceñudo, se vuelve para vernos. Una larga nariz aguileña, picaduras de viruela, y ojos profundos, que transmiten furia, son las señas de distinción de su cara. Supongo que es el rey.

Cuando nos acercamos se incorpora y viene sobre nosotros amenazante. La actitud me sobresalta. IB me mira con temor y algo parecido al miedo, por primera vez en mucho tiempo, corre por mis venas. Señalando con un dedo al fenicio, interroga:

-¡Dime, IB! ¿Qué es lo que hace SETI, el egipcio, en mi ciudad? 

La pregunta nos sorprende y permanecemos en silencio. Las noticias parecen volar rápido por aquí. Nadie más debería conocer la identidad de mi amigo en este lugar.

-¿Quién es el muchacho?

No me gusta la manera en que lo dice. Llevo instintivamente mis manos a la cintura. Uno de los arqueros egipcios de EA-TESHUB saca una flecha de su carcaj y carga su arco veloz, apuntándome.

-No me gusta que me digan muchacho. Mi nombre es KHUFU. Dile a tu arquero que guarde su arma: Le haré arrepentirse de ello, si me hace enojar.- EA-TESHUB enrojece de ira.-

-¿Acaso te atreves a lanzar amenazas en mi presencia?- Una señal de otro de los hombres del rey, casi imperceptible para mí, es la orden de disparar. 

La flecha sale del arco en dirección a mi persona. Alcanzo a doblar mi cuerpo hacia un lado para escuchar el silbido de la saeta pasando muy cerca. Cuando me enderezo, una de mis dagas ya está en el aire y en dirección del atrevido que acaba de lanzarme la flecha: El arquero egipcio no es tan rápido y lo siento por él. El puñal entra por debajo de uno de sus hombros, hiriéndole.

Cae en el suelo sentado, sorprendido. Todos en la sala están sorprendidos. Algunos de los guardias sacan sus armas y vienen sobre mí. También desenvaino.

-¡Alto todos, guardad las armas! ¿Quién le ordeno disparar?-Un egipcio, que no me resulta desconocido, da un paso al frente.

-Fui yo, mi rey. Este insolente se atrevió a contradeciros de manera altanera y debe ser castigado. Me encargare de él.

-¿Acaso, MENEFER, tu sabes interpretar cuales son mis deseos? ¡Cómo puedes ser tan imbécil!-MENEFER agacha la cabeza y pide disculpas.-

-Perdón, mi rey.

-Guarda tu arma, pequeño egipcio, te llamas ¿KHUFU? Me has impresionado y no soy alguien que se impresiona con facilidad.-Sonríe con satisfacción. EA-TESHUB parece ser de los que respeta el uso de la fuerza cuando es necesario. Su reputación de sanguinario le precede. 

Obedezco. Me doy cuenta cuando los dioses están de mi lado. Y no es cuestión de hacer enojar al rey de Alepo.

-¿Tienes algo que ver con el egipcio de Abydos?

-Es mi mentor, señor. Me adopto luego de la muerte de mi padre, en Nubia. IB puede explicaros.

-Sí, mi rey, es verdad. Conocí a SETI y a KHUFU durante mi último viaje al Nilo. Ahora ambos trabajan para mí.

EA-TESHUB parece estar satisfecho. Recupero la tranquilidad. Aunque sigo preguntándome como todo el mundo en esta ciudad sabe de mi amigo. 

Mientras tanto sigo con mis tareas de espionaje. Llego a contar dentro de palacio a unos cuarenta y tres hombres de armas más. Mejor sería decir cuarenta y dos: El egipcio al que apuñale estará fuera de servicio por un tiempo.


SETI estará más que contento con la información. 

continuará ...